COLABORACIÓN
Por Elmer González.
Es sabido de famosas expresiones que nacen del inglés y luego son deformadas a partir de la aplicación lingüística del contexto; esas locuciones muchas veces adquieren connotación universal hasta quedar oficialmente castellanizadas.
Uno de esos famosos términos provenientes de la transformación idiomática es la palabra “Firulais” con una acepción derivada de la expresión en inglés “free of lice” o “libres de pulgas” usadas a mediado del siglo XX por las autoridades fronterizas de los Estados Unidos, quienes en el acceso a ese país le pedían a los migrantes mexicanos que en caso tuvieran mascotas, estas estuvieran libres de pulgas.
En la patria de Duarte, además, es ampliamente usada la palabra “Guachimán” proveniente de “watchman” (vigilante, guardián). De igual manera, uno de los términos más sustanciales en la morfología lingüística y psicológica del dominicano lo representa la palabra ‘Pariguayo”
Generalmente, se asume que este concepto surge como una aproximación a “lo dominicano” del término Pararrayo. Hay quienes aún están convencidos que este término proviene desde el gentilicio “paraguayo” en referencia a los oriundos del hermano país suramericano.
Lo cierto es, que la palabra “Pariguayo” adquiere su etimología de la corruptela idiomática dominicana en la pronunciación del término anglosajón “Party Watching” en español: “vigilando la fiesta” referido a aquel individuo que, aunque logra ir al guateque, se queda parado en el festejo, y, no baila, no acciona, no gestiona, no baja panti, no ejecuta; es la analogía de un espécimen sin carácter que generalmente muestra no estar a la altura de las situaciones.
Aunque esto define a aquellos hombres que no tienen capacidad para conseguir una mujer, esto es aplicado también a las mujeres que no logran tangibilizar las acciones de conseguir parejo.
Lipe Collado (1993) en la obra “El Tiguere dominicano” define al Pariguayo como un elemento social localizado en la acera opuesta del concepto Tíguere (término que en términos colectivos, sí se conoce a la perfección).
Es a partir de esa lectura (30 años en el pasado) que se inicia la desambiguación de este especial macro concepto y ese popular texto permite comprender que para los dominicanos (El Tiguere) es el ganador y (El Pariguayo) es en esencia, la personificación del perdedor.
Y en ese contexto, en alusión al Pariguayo, es preciso entender que, en la mayoría de los ámbitos de la vida contemporánea, tanto los ganadores como los perdedores, generalmente tienen objetivos similares, o en su defecto, generalmente tienen los mismos deseos y metas (fortuna, un buen trabajo, ascenso laboral, gestión de pareja, ascenso social) y guardan una semejanza sustancial de expectativas. Sin embargo, en términos comportamentales esas dos líneas, aunque parezcan paralelas nunca se tocan.
Por esto, en el estudio de la entropía social criolla, se puede interpretar al pariguayo como un inadaptado de la sabiduría popular. Es la suma secuencial de hábitos malos en el vestir, en la toma de decisiones, en la agilidad, en el comportamiento. Este personaje es en esencia la representación de un individuo configurado como un producto marginal decreciente, aspectos que representan propiamente las antípodas del significado de “tigueraje”.
Las tendencias que enmarcan al Pariguayo en la actualidad son factores que provienen desde las entrañas mismas de la sociología territorial dominicana y en sobremodo en los enfoques de antropología cultural “del barrio” en este país.
Es en la cotidianidad que el dominicano vive una incesante lucha para salir del umbral que estigmatiza al pariguayo en busca de pertenecer al ecosistema tigueril para “salir bien parado” en cualquier situación, aspecto que conlleva a veces a sobre pasar la “sabiduría” y entrar en vulneraciones a la ética.
Indudablemente que en esos sectores el significado de éxito es la forma y a veces el fondo en que se logra con “habilidad” abordar directamente los sistemas del intersticio existencial entre el Tiguere y el Pariguayo (siendo este último un sujeto carente de condiciones mínimas para salir exitosamente de cualquier situación).
De ahí que el pariguayo como ente es muy similar al Pendejo, solo que un pendejo puede que no sea necesariamente pariguayo.
Como colofón, una expresión popular del sector Villa Duarte define: “Perro pendejo no coje perra” porque esencialmente la perra lo percibe pendejo. Pero en ese mismo entorno capitalino dicen: “el perro pariguayo, además que no lo logra, le lleva la perra al otro perro”.
Continuará…
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El autor es Humanista, Ecologista, Ensayista, Deportista, Fotógrafo, Folclorista, Investigador, Arquitecto, posee un Máster en Educación Superior y es además, Catedrático Universitario.

