COLABORACIÓN
Por Bolivar Balcácer
Las elecciones en El Salvador han resonado más allá de sus fronteras, inspirando reflexiones y llamados a la acción en otras naciones de América Latina. Entre ellas, República Dominicana se encuentra frente a una encrucijada democrática crucial.
La llamada a emular el trabajo por la democracia en El Salvador resuena con fuerza en nuestra nación caribeña.
El mensaje es claro: la participación ciudadana en los procesos electorales es esencial para salvaguardar los valores democráticos y elegir líderes capaces y comprometidos con el bienestar del país.
La democracia no es un espectador pasivo, sino un actor activo que exige la participación consciente y responsable de todos sus ciudadanos.
El llamado a votar por los emergentes y acorralar a los tradicionales no es solo un grito de batalla, sino una invitación a la reflexión profunda sobre el rumbo que queremos para nuestra nación. Es un recordatorio de que la democracia se nutre de la diversidad de ideas y perspectivas, pero también requiere de una renovación constante para adaptarse a los desafíos y aspiraciones de la sociedad.
La apatía y la indiferencia no pueden ser opciones válidas en un contexto donde el futuro de nuestra nación está en juego. El voto de castigo, lejos de ser una mera expresión de descontento, es un acto de responsabilidad cívica que envía un mensaje claro a aquellos que ostentan el poder: la ciudadanía demanda rendición de cuentas y transparencia en la gestión pública.
Con la instauración de la ley 1-24 (DNI), solo se oficializa un decreto de Luis Abinader promulgado desde el 16 de Agosto del 2020, lo que deja claro que el plan de Dictadura viene desde mucho antes de este mamotreto que se completó con la reintegración de Pepe Goico, para Abinader lo unico que importa son los Empresarios, la Agenda 2030 que ha cumplido casi en su totalidad, la unificación de la isla por un asunto meramente mercantil y su amistad con los sectores más oscuros del planeta, ocultos en el Estado Profundo y perfeccionar sus constantes mentiras al país.
En este contexto, la experiencia de El Salvador sirve como espejo en el cual podemos mirarnos como sociedad. La capacidad de movilización y participación ciudadana puede marcar la diferencia entre la consolidación democrática y el retroceso autoritario. Es hora de dejar de ser espectadores pasivos de la historia y convertirnos en protagonistas activos de nuestro destino colectivo.
El llamado a emular el compromiso por la democracia en El Salvador no es solo una invitación, sino un imperativo moral y cívico para todos los dominicanos. En nuestras manos está la responsabilidad de elegir a los mejores líderes, de alzar nuestra voz en defensa de los valores democráticos y de construir juntos un futuro de progreso y justicia para todos.
El próximo domingo y en mayo, cada voto cuenta. No te quedes en casa. Hazte escuchar. Porque juntos, como pueblo, tenemos el poder de transformar nuestro país y construir un futuro mejor para las generaciones venideras.
Sal a votar por los emergentes y acorrala a los tradicionales. Tu país te necesita, y el futuro está en tus manos.
La importancia de la participación ciudadana y el compromiso con la democracia resaltan como pilares fundamentales para el desarrollo y la estabilidad de cualquier nación. En República Dominicana, el llamado a la acción es claro: es momento de levantar la voz, de ejercer nuestro derecho al voto y de construir juntos un futuro de esperanza y progreso. Si te mantienes AMEMAO y solo criticandolo todo, después no GRITES.
Hasta nuestro próximo comentario.

