Por Alex Domínguez alexdminguez@gmail.com
Este 26 de enero conmemoramos el natalicio de Juan Pablo Duarte. En este 2026, se cumplen 213 años del nacimiento del Patricio, el hombre que lo entregó todo por la causa independentista dominicana.
Algo que muchos no saben, esta fecha no siempre fue una celebración nacional. Fue en 1932 cuando una maestra Germaine Rocour de Pellerano, junto a sus estudiantes de la entonces Escuela Moderna en Gazcue, impulsó una comunicación al Congreso, logrando que el 26 de enero fuera declarado día de fiesta nacional mediante la Ley 288 (13 de febrero de 1932). Y la primera celebración oficial se realizó el 26 de enero de 1933.
Si esta fecha se conquistó con visión educativa y amor patrio, hoy debemos preguntarnos con sinceridad:
¿la estamos honrando como se debe?
Veo parques vacíos, poca presencia estudiantil y escasos actos como los que nos enseñaron a vivir. Me preocupa que, con el paso del tiempo, las nuevas generaciones terminen perdiendo el conocimiento real de Duarte, de su sacrificio, de su ejemplo y de lo que costó levantar esta patria.
Por eso hago un llamado respetuoso al Ministerio de Educación, a Efemérides Patrias y a los legisladores:
evalúen si este día debe seguir como feriado sin docencia, o si debe replantearse el modelo para que, en vez de apagarse, se convierta en una jornada viva de formación patriótica dentro de las escuelas.
Duarte no es una fecha para “descansar” sin contenido. Duarte es identidad, historia, honestidad y sacrificio.
Si dejamos morir la memoria, se nos debilita la nación.
Que el 26 de enero vuelva a sentirse en las aulas, en los actos, en las calles y en la conciencia del país.

