COLABORACIÓN
Por Lester McKenzie
Hoy se celebra el 64 aniversario de mm la heroica Expedición de Constanza, Maimón y Estero Hondo en la cual un grupo de dominicanos (198) así como de otras nacionalidades (venezolanos 14, cubanos 13, puertorriqueños 7, españoles 2, norteamericanos 2 y guatemaltecos 1), llegaron aquel inolvidable domingo 14 de junio de 1959 llenos de patriotismo enamorados de un puro ideal, y con su sangre noble encendieron la llama augusta de la libertad, tal cual rezan las primeras líneas del himno del 1J4, letra de la autoría de Vinicio Echavarría y música compuesta por Héctor Jiménez.
Su Misión: Derrocar al dictador Rafael Leónidas Trujillo Molina.
La expedición llegó al país en aquella fecha, 14 de Junio de 1959 en dos fases, aterrizando la primera a eso de las 6:00 pm en el aeródromo de Constanza en un avión pintado con las insignias de la Aviación Militar Dominicana piloteado por el venezolano Julio César Rodríguez y como copiloto el dominicano Juan de Dios Ventura Simó, trayendo a 54 expedicionarios que se internaron en las montañas.
El grupo de combatientes se completó con la segunda fase el 20 de Junio con el desembarco en las playas de Maimón y Estero Hondo de 2 lanchas con 144 combatientes más totalizando 198 de los cuales 39 eran extranjeros.
La gesta no logró su objetivo y la mayoría de los miembros de esa inmortal estirpe fueron apresados, torturados y asesinados por Trujillo y sus secuaces.
Además de otros, un nombre que siempre recuerdo es el del cubano Pablito Mirabal Guerra quien con apenas 14 años se unió al grupo de expedicionarios y se decía que era un experto franco-tirador. Murió fulminado por un rayo en La Habana en 1969.
Para esa época mi suegro, Felipe Polanco, biznieto del General de La Barranquita Gaspar Polanco, era Alcalde de la comunidad de La Caya, un distrito municipal ubicado en la Línea Noroeste con una superficie de unos 87 km2 perteneciente al municipio de Laguna Salada, provincia de Valverde, fundado en el 1900 y su nombre lo debe a un árbol que crece en la región.

Me contó que unos días después de la llegada de los expedicionarios, una mañana al colmado de su cuñado a quien llamaban Bobito Almanzar (el colmado está en el mismo lugar en la actualidad), llegó un barbudo (como solían llamarle a los combatientes) en un burro acompañado de un niño.
Uno de sus hijos, Servio, corrió a buscarlo y en el trayecto le sugirieron que se cambiara la camisa (parte del uniforme) y guardara la chapa que lo identificaba como Alcalde.
Al llegar al colmado encontró esta persona delgada, con uniforme de kaki, un fusil y granadas visibles.
Mientras el combatiente compraba pan, galletas y salami, entre otras cosas, le pregunto al niño llamado Polonio, si él no era el hijo de su compadre Francisco Vásquez (Pancho) que vivía en Pozo Prieto y en un rápido movimiento lo cargó y lanzó detrás del mostrador iniciándose casi de inmediato una lluvia de disparos pues una patrulla ya estaba enterada y todos al suelo.
El expedicionario, única victima, cayó abatido por los disparos después de haber salido corriendo por la parte trasera del colmado; la patrulla insistía en dejar el cadáver en el lugar del hecho pero mi suegro logró disuadirlos y finalmente se lo llevaron.
Por la noche mi esposa y sus hermanos fueron llevados a dormir donde unos familiares y ella recuerda haber visto la patrulla merodeando por los contornos y escuchado los disparos.
Con esta entrega especial he querido compartir esta reseña en honor a los combatientes, rendir tributo a aquella estirpe inmortal, y a la memoria de mi suegro, Felipe Polanco, (EPD).

