La Romana, R.D.- En el día de ayer el término lobista cobró notoriedad tras el periódico Diario Libre publicar que Donald Guerrero, principal acusado en la investigación del Ministerio Público denominada Operación Calamar, contrató a la empresa estadounidense Liberty International Group LLC, del excongresista republicano Connie Mack, éste último con amplia experiencia en lobbismo.
Rápidamente, Homero Figueroa, vocero oficial de la actual gestión gubernamental, reaccionó revelando que la citada contratación tenía como objetivo expreso atacar la figura del Presidente de la República, Luis Abinader y además hacer lo propio con Miriam Germán y Yeni Berenice Reynoso.
Ante estas contundentes aseveraciones, se nos hizo imperativo destacar en detalle la figura del lobista en este artículo.
¿Qué es en sí un lobista?
Según datos compilados de un artículo sobre mercadeo de la Universidad Internacional de La Rioja , un lobista es el representante de un lobby, que trabaja ejerciendo su influencia y presión para conseguir la aprobación por parte de los poderes públicos de medidas favorables a sus intereses.
Un lobista es una persona que se dedica a defender los intereses de un colectivo ante las administraciones y a intentar influir en las políticas públicas a su favor.
Los lobistas trabajan para los lobbys, también denominados grupos de presión, grupos de cabildeo o grupos de interés.
Se trata de colectivos, organizaciones o plataformas que representan intereses específicos y realizan actividades en defensa de esos intereses, como puede ser influir en la elaboración o aprobación de leyes o en la toma de decisiones políticas.
Orígenes
La actividad del lobista tiene su origen en Reino Unido. Históricamente, los grupos de presión se reunían con los parlamentarios en los pasillos de la Cámara de los Comunes (de ahí la palabra lobby, vestíbulo en inglés), para discutir los temas que iban a tratar en el Parlamento. Hoy es una práctica extendida en todo el mundo, aunque no siempre regulada.
Características del lobista
Tradicionalmente, se identifica a un lobista como una persona con una buena red de contactos y dotada de una gran capacidad persuasiva. Pero no son solo estas dos características las que hacen un buen lobista.
Para dedicarse profesionalmente al mundo del lobbying son necesarias otras cualidades y conocimientos, por ejemplo:
Dotes de comunicación e interpersonales
Saber comunicar eficazmente sus mensajes, tanto oralmente como por escrito, es clave para un lobista. Además, tiene que tener facilidad para establecer contactos y relacionarse con todo tipo de personas: los políticos, en primer lugar, pero también con funcionarios, miembros de otras organizaciones o representantes de medios de comunicación, etc.
Capacidad de análisis
Un buen lobista debe ser observador, capaz de procesar y analizar información valiosa de diferentes fuentes para tomar sus decisiones.
Capacidad de diálogo
Ya que implica tener mano izquierda para negociar, y ser capaz de llegar a acuerdos y consensos.
Saber cómo funciona la política
Estar familiarizado con el funcionamiento de las instituciones, los partidos políticos y los procedimientos legislativos.
Visión estratégica
Para trabajar como lobista para una organización o grupo hay que tener claro qué es lo que se quiere conseguir y el camino para lograrlo, algo que requiere planificación y estrategia.
Proactividad, capacidad de adaptación y de aprendizaje
Para afrontar constantemente retos y problemas, por lo que se valora tener iniciativa, estar siempre dispuesto a aprender y a adaptarse a las novedades y cambios.
Principios éticos
En el lobbying no todo vale, por ello, es necesario que el lobista respete unos principios éticos para ejercer la profesión con honestidad.

