Reflexión
La lucha individual está matizada por apetencias morales o personales, las cuales nos llenan de pura satisfacción porque celebramos el sacrificio que supone obtener lo anhelado.
Cuando llega el dinero, surge el verdadero personaje que emula lo que somos. Egos incontrolables, dagas silenciosas a espaldas y un desmesurado muestreo de banalidades para «mostrar logros», cuando realmente es un chocante ejemplo de mediocridad.
Fotos con gente que «profesa» ser «tuyos con papeles» y en el fondo son excelentes hipócritas que apuestan al destierro del «amigo».
¿Qué hago con el carro de última generación sin pista donde recorrerlo?
¿De qué me vale dinero sin opción de gasto?
Ser lo que te inculcaron de hogar, será un atributo invaluable porque amén de tanta opulencia, la DIGNIDAD prevalece por encima de toda conquista material.
No soy perfecto, pero trato por encima de lo que sea, ser auténtico. Amo la vida, a mi familia, mis amigos reales y lo poco o mucho que haya obtenido en la vida que he llevado.
Nunca le he negado a una persona un saludo, agrado, afecto, respeto o atención. Sé ser condescendiente y confraterno, pero jamás lisonjero de nadie.
No necesito dinero para agenciarme posición social o amistades importantes. La vida se acaba en un chasquido de dedos y después de tu entierro, quedará ese indeleble recuerdo de quienes verdaderamente te amaron y vivirás eternamente en sus corazones. Los otros, en meses, te olvidarán.
No quiero nada de tí, excepto tu amistad sincera. Mi tiempo debajo del Sol es de suma valía. Dame lo mejor de tí para crecer. No me interesa nada más.
Marcos Sánchez.

