COLABORACIÓN
Por Bolivar Balcácer
La reciente misión de observación de la Organización de Estados Americanos (OEA) en las elecciones municipales de la República Dominicana ha puesto sobre la mesa una realidad ineludible: la creciente abstención y la persistente sombra de la compra de votos. Con un 53.42% de abstención y 87,783 votos nulos, el panorama electoral parece ensombrecido por la desconfianza y el desencanto ciudadano.
Resulta preocupante que en un país donde el 75% de la población considera que los partidos políticos no funcionan adecuadamente, y donde un considerable porcentaje contempla alternativas antidemocráticas, la participación electoral se vea mermada de esta manera. El informe del Latinobarómetro 2023 arroja cifras reveladoras que no pueden ser ignoradas: el 21% de la población considera que un gobierno autoritario podría ser preferible a la democracia, y un inquietante 37% no descarta apoyar un golpe de Estado. En un entorno político y social tan volátil, la abstención cobra una relevancia que trasciende los simples números.
Algunos podrían argumentar que la baja participación es un fenómeno «normal» en ciertos contextos políticos, pero ¿podemos realmente afirmar que es saludable para la democracia? La salud de un sistema político se mide no solo por su estabilidad institucional, sino también por la confianza y la participación activa de sus ciudadanos. En este sentido, la democracia dominicana enfrenta un desafío crucial: restaurar la fe en sus instituciones y promover una participación ciudadana más robusta y comprometida. Mientras los dominicanos están emborrachado en la politiquería y con un fanatismo en las redes que «raya en el estilo de los testigos de jehova», se nos olvida que sobre nuestra cabeza pende un enemigo apoyado por la ONU y sectores empresariales mercantilizados con Luís Abinader y George Soros a la cabeza que podría darnos en la madre en lo que canta un gallo y ese enemigo es Haití.
La compra de votos, esa «perniciosa práctica» denunciada por la OEA y que todos hemos seguido en los videos de las redes, es solo la punta del iceberg de un problema mucho más profundo: la erosión de los valores democráticos y la desigualdad política. Cuando el voto se convierte en una mercancía, la voz del ciudadano se silencia y la legitimidad del proceso electoral se ve comprometida. Es imperativo que las autoridades tomen medidas contundentes para erradicar esta práctica nefasta y garantizar la integridad del sistema electoral, sepan que ninguno tiene calidad moral para hablar de corrupcion porque TODOS, los de ayer y los de hoy SON CORRUPTOS y salen del mismo vientre
Sin embargo, combatir la abstención y la corrupción electoral va más allá de simples reformas legales o medidas de control. Requiere un esfuerzo colectivo de toda la sociedad dominicana. Es necesario promover una cultura cívica que valore y celebre la participación política como un deber y un derecho fundamental de los ciudadanos. La educación cívica y la promoción de la transparencia deben convertirse en pilares fundamentales de la democracia dominicana.
Es cierto que la abstención y el escepticismo político no se erradican de la noche a la mañana, pero cada elección es una oportunidad para reconstruir la confianza y revitalizar la democracia. Ojalá que en las próximas elecciones, la participación sea mayor y más significativa que nunca. Más que una simple cifra, la participación electoral es la expresión de la voluntad colectiva y el motor que impulsa el cambio político y social.
En última instancia, la democracia dominicana se encuentra en una encrucijada histórica. La elección entre el conformismo y la apatía, o el compromiso y la esperanza, define el futuro de la nación. Depende de cada uno de nosotros, como ciudadanos, asumir la responsabilidad de construir una sociedad más justa, inclusiva y democrática. En las urnas y más allá, el destino de la República Dominicana está en nuestras manos y si la aplanadora pasa por la comunidad dominicana en ultramar, la jaqueca será insalvable porque los que nos quieren representar como diputados del exterior, son PAYASOS sin talento que ni siquiera saben en que CARPA ESTA SU CIRCO, PORQUE EL PUBLICO NO SABE de donde diablos salieron esos enanos, sobre todo los de New York.
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