Redacción Quevedo Informativo.- «El Secuestro del Papa”, es la película número 31 del octogenario cineasta italiano Marco Bellocchio y se basa en una historia real, comienza en 1852, aunque su parte nodal transcurre en 1858, cuando el pequeño Edgardo Mortara (Enea Sala), de solo 6 años, es separado de su familia judía por órdenes del padre Feletti (Fabrizio Gifuni), el inquisidor de una Bolonia entonces perteneciente a los Estados Pontificios gobernados por el Papa.
El pretexto es que la antigua empleada de la familia practicó un bautismo de emergencia cuando el niño, dijo, estaba muy enfermo y temió que su alma quedara vagando en el limbo si moría. Ese rumor bastó para que se dictara el retiro del niño, pues las leyes de ese tiempo prohibían que un católico fuera educado por quienes profesaban otra religión.
Aunque hay un intento de su padre por detener la orden, al final Edgardo es llevado a Roma a un internado que prepara a futuros sacerdotes. Se desata un escándalo que deja mal parado al Papa Pío IX (Paolo Pierobon) incluso con la prensa internacional, pero él simplemente responde a las solicitudes de que regrese al niño con una especie de valemadrismo tiránico: non possumus (no puedo).
La cinta fue escrita por Marco Bellocchio y Susanna Nicchiarelli, en colaboración con Edoardo Albinati y Daniela Ceselli.
El film producido por Beppe Caschetto y Simone Gattoni, contó con una fotografía a cargo de Francesco Di Giacomo y la partitura original fue de Fabio Massimo Capogrosso, editada por Francesca Calvelli y Stefano Mariotti.
El Caso Mortara
El caso Mortara (en italiano: caso Mortara) fue un incidente o causa célebre que tuvo mucha repercusión en Europa y Estados Unidos durante los años 1850 y 1860.
Tuvo como origen el secuestro por orden de los Estados Pontificios de Edgardo Mortara, niño judío italiano de seis años de edad, bajo el argumento y pretexto de que había sido bautizado como católico.
Mortara fue enviado a una institución católica y criado en dicha fe bajo la protección del papa Pío IX, convirtiéndose finalmente en sacerdote.
Historia
A finales del año 1857, al inquisidor de Bolonia Pier Feletti le llegaron rumores de que Anna Morisi, sirviente de la familia Mortara durante seis años, había bautizado en secreto al menor Edgardo al pensar que se encontraba a punto de morir, a pesar de su condición de judío.
La Inquisición, así, mantuvo que el menor era irrevocable e irremediablemente católico y, a tenor de ello, ordenó que fuera arrebatado de casa de sus padres, dada la prohibición existente de que menores católicos fueran criados por personas de otras creencias. La policía llegó a la casa de la familia Mortara la tarde del 23 de junio de 1858, llevándose consigo al menor Edgardo.
Después de que su padre le visitara durante los meses de agosto y septiembre, surgieron dos narrativas diferentes: la primera, que mantenía que el menor deseaba volver a casa de su familia y practicar la fe de sus ancestros, la judía; y otra, que afirmaba que había aprendido perfectamente la fe cristiana y que deseaba que sus padres se convirtieran al catolicismo.
A consecuencia de ello, surgieron diversas protestas internacionales, pero el Papa no cedió. El menor acabó estudiando para sacerdote en Roma hasta el año 1870, en el que el Reino de Italia capturó los Estados Pontificios, poniendo fin a los mismos.
Mortara se dirigió entonces a Francia, ordenándose como sacerdote a la edad de 21 años. El padre Mortara pasó el resto de su vida fuera de Italia y murió en Bélgica en 1940, a la edad de 88 años.

