COLABORACIÓN
Por Antonio Corcino
La historia del turismo dominicano es la historia de los narradores de cuentos que eligen contar solo los capítulos felices del libro de este sector y dejar fuera las páginas difíciles.
Sin cuestionar ni profundizar en el hecho, los oyentes (el público) nunca entienden los verdaderos desafíos y lecciones necesarias para un final feliz, de únicamente alegrar algunos de sus personajes.
La sostenibilidad turística es un tema capital a escala mundial por lo que significa esta actividad para la humanidad mientras en la República Dominicana es una narrativa positiva en las relaciones públicas, resaltada por algunos actores como el ministro de Turismo, empresarios y medios de comunicación según la ocasión. Los diálogos y reuniones para su fomento son solo notas para memorias institucionales.
En cambio, si se celebran y se exaltan las cifras récord en llegadas de turistas y los beneficios económicos que aporta esta industria, omitiendo las problemáticas que afectan a las comunidades receptoras.
Es frecuente escuchar la postura optimista del ministro de Turismo, enfocarse solo en los logros económicos y en el crecimiento continuo del sector, lo que nos indica su prioridad. Su discurso manifiesta carencia de propuestas concretas para abordar los retos, como, por ejemplo, su sostenibilidad.
Por igual, esta actitud proyecta su recurrente falta de compromiso con políticas públicas que garanticen un equilibrio entre el desarrollo turístico y la preservación del medio ambiente y el bienestar de las comunidades locales. Entiende que el turismo es como una fiesta sin límites.
En este contar están los medios de comunicación, lejos de contribuir y procurar una visión integral, sesgados y centrados exclusivamente en las noticias positivas del sector turístico.
Reportajes solo enfocados a destacar el aumento de llegada de visitantes, la inversión extranjera y de empleo, no así la calidad y las condiciones del salario y el trabajo. No son noticias los efectos negativos del turismo masivo, como la degradación ambiental y la exclusión social.
Por el contrario, son como un espejo mágico al no considerar que el crecimiento turístico es como un globo que puede explotarse, sino aplicarse los principios de la sostenibilidad.
A sottovoce se escucha cómo estas paradisíacas alegóricas comunidades receptoras de turismo viven sus necesidades y limitaciones, como no son parte de las series ni son visibilizadas en la narrativa general.
Problemas como la contaminación y erosión de sus playas, sus aguas grises y negras y la sobreexplotación de los ecosistemas locales son realidades no resueltas ni expuestas, suficientes, aunque afectan la calidad de vida de los residentes y por consiguiente, imposibilita la sostenibilidad turística. Sin embargo, estas cuestiones rara vez son abordadas en el discurso público.
La sostenibilidad está íntimamente relacionada con bienestar de las comunidades locales en tal virtud manda a que sean consideradas como socias en el desarrollo turístico y ya no solo son como escenarios de disfrute para los visitantes y para el trabajo, sino que son esenciales para la convivencia pacífica.
La igualdad al involucrar a los residentes en la planificación y ejecución de proyectos turísticos mediante distribución más justa de los beneficios es una forma de afianzar sostenibilidad, y toda decisión que ayude a reforzar los valores que le dan cohesión social, identidad cultural y la preservación del patrimonio natural es una inversión.
En ese sentido, las oportunas y adecuadas políticas públicas integrales que promuevan la sostenibilidad reflejan el orden de sus prioridades.
La sostenibilidad no puede ser un tema marginal; debe integrarse en la planificación y gestión del turismo para asegurar que los beneficios económicos no se logren en detrimento del medio ambiente y lo local.
Tal es el caso de algunos barrios de Verón-Punta Cana, cohesionados solo por los empleos y los ingresos. Sus necesidades como su estrés social están reprimidas.
Es un jardín sin cuidado, pues solo se riegan las flores más vistosas (las cifras económicas) mientras las raíces (el bienestar comunitario) se marchitan por falta de atención y nutrientes (políticas públicas sostenibles).
En esta coyuntura es vital que tanto el ministro como los medios de comunicación adopten un enfoque más equilibrado y crítico.
Los aparentes esfuerzos que han emanado del ministerio, y los que anuncian los empresarios para fomentar la sostenibilidad turística, indican que no es relevante porque no representan rentabilidad.
Lo equitativo es darle el mismo tratamiento e importancia al reportar los necesarios éxitos económicos, los desafíos y las soluciones inapelables. Berrear de manera completa y honesta el compromiso real y sincero de todos los actores con la sostenibilidad turística.
Todo entiende que los incentivos al desarrollo turístico han sido fundamentales para el crecimiento del sector, sus entes motivan que no sea tocada la ley.
Sin embargo, son escasos los que abogan que sean adaptados y mejorados como medios para enfrentar los desafíos actuales y futuros, que sean para asegurar un desarrollo turístico sostenible y beneficioso para todos.
En ese sentido, no vemos en el horizonte esta intención, ni como declaración de principio, ni mucho menos como políticas públicas que cimiente un turismo sostenible, una intención o posición que expresan un cambio de paradigma en la forma en que se comunica y se gestiona el sector.
Solo a través de una visión inclusiva y sostenible se podrá sedimentar para que el turismo siga siendo una fuente de prosperidad sin comprometer los recursos naturales y el bienestar de las generaciones futuras.

