COLABORACIÓN
Por Antonio Corcino
No ser codicioso ni ambicioso me ha permitido disfrutar de paz mental y salud emocional. El hecho de no estar bajo el influjo de la acumulación de riqueza o poder me ha agenciado tranquilidad desconocida.
Independientemente del olor a avaricia que tiene la sociedad, ha sido vital encontrar formas de resistir su opresión.
La desigualdad y la injusticia social son perpetuadas por esta obsesión por tener más que otros, la cual es insaciable y egoísta.
En esta oportunidad trataré de ´poner en primer plano la codicia y la ambición, recreo con elementos de historia de la humanidad y su huella en el pensamiento humano, donde establezco algunas reflexiones y perspectivas de las ciencias sociales como la sociología y psicología para poder comprender cómo está presente en la mente la avaricia, la codicia o ambición y el costo de no se contagiado por esta condición.
La codicia representa un tema necesario en las ciencias sociales, como está arraigado en el comportamiento humano y en las dinámicas económicas y sociales. Desde el punto de vista de la sociología, como la codicia, ha contribuido a la creación y perpetuación de desigualdades.
Las reflexiones de Max Weber en torno al espíritu del capitalismo influenciado por la ética protestante, y cómo influyó en la acumulación de riqueza y sus efectos en las estructuras sociales que perpetúan inequidades.
Ahora bien, la psicología entiende que la codicia es un rasgo de personalidad y motivación, asociado a trastornos como el narcisismo y la psicopatía.
Sus estudios sugieren que la codicia está inversamente relacionada con el bienestar y la satisfacción personal, al comprometer la felicidad y las relaciones interpersonales.
La mitología griega no recrea el mito del Rey Midas, donde pone manifiesto los peligros de la avaricia, se resalta cómo el deseo desmedido de riqueza puede llevar a la ruina personal y a la pérdida de lo que realmente importa en la vida.
En cambio, Platón establece cómo la codicia y la ambición pueden corromper individuos y sociedades. Lo propio analizó Aristóteles como este exceso de deseo por bienes materiales, opuesto a la justicia y vinculado con acciones injustas.
En el ámbito religioso, la Biblia, en sus libros y versículos, condena la codicia. En Los Diez Mandamientos está «No codiciarás», lo que refleja una preocupación milenaria sobre esta condición humana que por sus secuelas mérito castigar.
Por sus implicaciones, Tomás de Aquino la consideró un pecado que desvía al ser humano de su propósito espiritual y moral. Como la codicia termina deteriorando la relación con Dios y los demás, y por eso es esencial contrarrestar mediante la generosidad y justicia.
El caso de Baruch Spinoza la definió como un deseo desmesurado e irracional por bienes materiales, la cual no conduce a la verdadera felicidad ni libertad, sino al sufrimiento y la insatisfacción.
Son varios los libros que tratan de alguna manera esta cualidad, poniendo en contexto histórico cómo este pecado, enfermedad mental y moral como la codicia termina impactando a las sociedades de manera despiadada.
La rebelión de Atlas de Ayn Rand (1957), Confesiones de un Sicario Económico de John Perkins (2004), La Doctrina del shock de Naomi Klein(2007), Sonríe o muere: La trampa del pensamiento positivo de Bárbara Ehrenreich (2011), El precio de la desigualdad de Joseph Stiglitz (2012), El capital en el siglo XXI de Thomas Piketty (2013), Homo Deus: Breve historia del mañana de Yuval Noah Harari (2015) y la gran apuesta de Michael Lewis (2016).
De modo que, este pensamiento maligno o vicio que se expresa en forma de conducta se entiende como un pecado moral con grave impacto para la humanidad. Por ejemplo, he sido testigo de diferentes casos de corrupción con enorme costo para el pueblo dominicano.
Tanto el caso de BANINTER, Odebrecht como los 9 expedientes de acusaciones sometidos por la actual gestión del Ministerio Público son pruebas de estos individuos motivados por la avaricia están en la historia de la corrupción dominica con efectos nocivos no solo para estas personas que están involucradas, sino para sus familiares como para el país.
La psicología procura alcanzar el bienestar personal y de los demás; en contraposición, la acumulación de poder y éxito material podrían proporcionar bienestar emocional, aceptación social y empatía; viene acompañado de ansiedad, estrés y angustia. Como también podría en menor medida fortalecer el sentido de propósito y la resiliencia ante estos estados, sin embargo, no necesariamente la acumulación está vinculada a la salud mental.
Entonces tengo concluir considerando que no ser ambicioso y estar lejos de la avaricia, en el sentido de valorar más el bienestar personal y de los demás sobre la búsqueda de logros materiales, me ha generado salud psicológica positiva, ahora bien, esta actitud no significa una falta de motivación o complacencia extrema que de algún modo me ha impedido crecimiento personal y profesional adecuado.

