COLABORACIÓN
Por Luis Manuel Julián R.
A lo largo de la historia, incluso cuando el término «liderazgo» no era conocido, ejercerlo ha sido un reto constante debido a los sacrificios, privaciones y el desarrollo sostenible que implica la gestión del talento humano para la consecución de objetivos comunes. Sin embargo, los tiempos han cambiado al ritmo de las necesidades de la humanidad, siempre en busca de acercar la comodidad a la cotidianidad social, económica y política.
A medida que la tecnología de la comunicación se ha modernizado, el liderazgo enfrenta mayores desafíos, pues los “secretos del líder” están cada vez más al alcance de todos. Esto pone en evidencia que el líder debe ser un ejemplo a seguir, lo cual no siempre es fácil en cualquier escenario u ocasión.
Si un líder desea realmente mantener su liderazgo en el entorno que haya elegido o le haya tocado, debe considerar esencial incluir en sus competencias una de las habilidades blandas más necesarias para ser protagonista de los cambios y nuevos retos: la adaptabilidad. Esta habilidad es clave para que un líder pueda comprender a las nuevas generaciones y tecnologías que ya forman parte indispensable de nuestro diario vivir.
Para mí, la adaptabilidad tiene dos caras. Una es cuando asumimos los cambios con tolerancia, “porque no hay otra opción”; la otra es cuando los asumimos con actitud positiva, viéndolos como una oportunidad que podría catapultarnos a escenarios futuros con herramientas de experiencia, lo que nos permitirá obtener ventajas sobre otras compañías.
Las organizaciones avanzan a un ritmo acelerado sin precedentes. Por esta razón, la adaptabilidad no es una simple competencia a la hora de liderar; es una necesidad imperiosa para el líder que desea trascender. Si observamos la globalización y el nivel de exigencia de estos tiempos, tanto en el capital humano como en la tecnología, queda claro que la adaptabilidad debe fomentarse hasta alcanzar la excelencia a través de una cultura de mejora continua.
La revolución 4.0 ha hecho que el liderazgo no se limite solo a conocimientos técnicos o experiencia acumulada. Ha emergido un despertar en el líder que lo impulsa a construir el cambio, a atreverse a explorar áreas de incertidumbre que lo sacan de su zona de confort. Este líder comparte ese reto con su equipo, logrando así un futuro promisorio. Este escenario lo lleva no solo a adaptarse a las nuevas herramientas tecnológicas, sino también a tener un espíritu proactivo en el descubrimiento y la anticipación de nuevas tendencias, inspirando a su equipo a adoptar una postura de adaptabilidad.
Considero que, si un líder aprende a desaprender, ya está dando un paso gigantesco hacia la adaptabilidad. Esto se convierte en una plataforma para poder asumir el ritmo de las nuevas tecnologías y formas de hacer las cosas. De no hacerlo, la obsolescencia se convertiría en una muralla difícil de superar. Cuando el líder desaprende, deja atrás prácticas que ya no tienen impacto, se vuelve crítico al romper paradigmas y se sumerge en un aprendizaje continuo. Llegar a este nivel no es fácil, ya que se requiere de una mente abierta y una actitud humilde que le permita reconocer que el conocimiento no es estático.
Cuando un líder ha sido positivamente impactado por la adaptabilidad, esto genera un efecto dominó en la cultura organizacional. Este líder es capaz de contagiar un ambiente flexible que fomenta la resiliencia y la innovación, creando valor transversalmente en la organización. Si reflexionamos sobre la pandemia de COVID-19, es indiscutible que la adaptabilidad y la resiliencia se han convertido en imperativos en estos tiempos plagados de cambios inesperados y crisis. Los líderes que encarnaron estos valores lograron salir airosos de esta pandemia que paralizó a la humanidad en todos sus ámbitos. Solo las empresas con esa cultura fueron capaces de una adaptación contundente.
Debemos ser conscientes de que la adaptabilidad nos ayuda a enfrentar con éxito los grandes desafíos que se han vuelto cotidianos a nivel mundial. Para mantener una gestión efectiva, los líderes de nuestro siglo han tenido que asumir una postura firme ante la adaptabilidad y la resiliencia. Han tenido que desaprender, reinventarse constantemente y estar preparados para crisis que exigen respuestas rápidas.
Preguntas retrospectivas para los líderes:
¿Cómo está integrando actualmente la adaptabilidad en su estilo de liderazgo y en la cultura organizacional de su equipo?
¿Ha identificado prácticas o creencias obsoletas en su gestión que necesiten ser desaprendidas para hacer frente a los desafíos actuales?
¿Qué estrategias está implementando para fomentar la resiliencia y la innovación dentro de su equipo en un entorno de constante cambio?

