COLABORACIÓN
Por Darío Yrizarry
En una escueta alocución dirigida al pueblo dominicano que hiciera este sábado pasado el Presidente Abinader por diversos medios nacionales, atendiendo a los reclamos de todos los sectores que inciden en la economía local, este decide «retirar el proyecto de reforma o modernización fiscal».
De una manera inteligible, el presidente anunció el retiro inmediato de la pieza del Congreso nacional porque la misma «no contaba con el consenso necesario» de los dominicanos para ser aprobada, acotando que «en democracia es fundamental el diálogo entre el gobierno y el pueblo», enviando señales claras de que es respetuoso y receptivo de lo que los dominicanos queremos.
El presidente Abinader ha puesto los oídos en el corazón del pueblo, dándole dimensión a su figura como mandatario de la nación, lo que indefectiblemente favorecerá al partido de gobierno de cara a los procesos electorales futuros.
Consideramos que ha sido una sabia decisión por parte del Presidente el retiro a la «propuesta de reforma o modernización fiscal integral», acto en sí que no resulta agradable a ningún mandatario, “a pesar de que por décadas los economistas han venido hablando de su necesidad” en vista de que los anteriores gobiernos la pospusieron sin tomar en cuenta la connotación de la misma en el universo dominicano.
El retiro de la pieza que pretendía hacer una reforma integral, además de evitar el empobrecimiento de un gran sector de la población, disuade los aires de «revueltas sociales» que se venían intensificando cada día más, devolviendo la paz a una sociedad en constante crecimiento económico, producto, entre muchos más, de la industria turística, la que podría ser la más afectada.
Las declaraciones que hicieron el sector de bancos de loterías a la prensa en relación de que las medidas tomadas por el gobierno dominicano en su propuesta de reforma fiscal «se perderían miles de empleo» podrían ser una gran mentira si analizamos el pasado y presentamos la pérdida que tiene el Estado precisamente por la gran evasión de impuestos que tiene este sector.
Las bancas de loterías, al igual que todos los sectores productivos, se creen «intocables» para la Reforma o Modernización Fiscal, de acuerdo al panorama de protestas sociales que se ha levantado, concluyendo nosotros que, retirándose la pieza a causa de las protestas, el gobierno se verá en la imperiosa necesidad de crear el espacio para que el siguiente gobierno (como hicieron los anteriores) sea quien cargue con ese muerto.
Pero los banqueros, a sabiendas de que están violando las disposiciones del Código de Trabajo en su artículo 135, el cual beneficia al trabajador dominicano en el 80% en relación con el 20% extranjero con estatus legal al margen de la ley, continúan con la contratación de esta fuerza laboral indocumentada sin fiscalización por parte de Hacienda, perjudicando nuestra fuerza laboral dominicana y desmembrando la fortaleza fiscal.
Si el gobierno se interesa en la regularización de las bancas de loterías, las mismas que funcionan en contraposición con la ley, ordenanzas, decretos y resoluciones, el país podría generar recursos que, aunque no serían suficientes para resolver el déficit fiscal, ayudarían a tapar huecos en favor del pueblo dominicano. De algo estamos seguros, y es que aunque todos celebramos, creo que no fue la mejor decisión.

