COLABORACIÓN
Por Fernando Betancourt
Un gran negocio se cuece en medio de una de las arterias más concurridas de la avenida. Turistas de nacionalidad haitiana que no hablan español han visto una mercancía que les gusta. En ese momento, no hay nadie que hable creol. El dependiente del negocio está intentando entender lo que esas personas necesitan.
Lamentablemente, por no poder comunicarse adecuadamente, un gran negocio se pierde. Los turistas se marchan y el dependiente del negocio nunca sabrá que ese día pudo haber sido la venta del año.
Aunque el francés es una lengua oficial en Haití y se enseña en las escuelas dominicanas como idioma extranjero, el creol es la lengua vernácula hablada por la inmensa mayoría del pueblo haitiano. Es el idioma que mejor expresa sus vivencias y su identidad.
La falta de conocimiento del creol en la sociedad dominicana crea un vacío que va desde lo laboral hasta lo personal. Independientemente de lo que pensemos, hay una realidad: siempre ha existido una mano de obra haitiana extensa en el país. A veces queremos tapar el sol con un dedo, como dicen algunas personas, y no pensar de manera objetiva. Por múltiples razones, se hace casi obligatorio que nuestra población pueda conocer y hablar creol. Es necesario entender que este desconocimiento nos coloca en desventaja frente a hechos que son evidentemente significativos.
La enseñanza del francés no es suficiente. Además, en la gran mayoría de los casos, los estudiantes no ven con buen ojo dicho idioma, lo que provoca una gran desventaja en su aprendizaje. Es necesario que, así como se ha dicho que el currículo dominicano es abierto, flexible y participativo, podamos concienciar a los estudiantes y a toda la población sobre la importancia de aprender esta lengua.
No debemos olvidar que Haití es el país más cercano que tenemos y que durante décadas se ha mantenido una gran correspondencia en torno al comercio. Además del comercio, el desconocimiento del creol es una desventaja en situaciones bélicas, las cuales no queremos que ocurran, pero lamentablemente están ahí.
Creo que, al hablar de patria y de orgullo nacional, debemos dejar de lado lo que pueda impedir el crecimiento personal de cada individuo y de la nación. Desde mi óptica, siempre he creído que en todas las escuelas de la República Dominicana se debiera enseñar el creol al igual que los demás idiomas. Sé que mucha gente tiene diversas opiniones al respecto y se respetan, así espero se respete la mía.
No debemos confundir la realidad con la ficción; el fin es buscar lo que más convenga a la nación. ¿Será cierto que impedir este aprendizaje es un asunto de patriotismo o tendrá que ver con otros aspectos? ¿Cuál será la verdadera realidad de todo esto?.
Creo que es necesario y es tiempo de que entendamos las cosas tal como son. Nuestra historia está manchada con sangre y son muchos los actores que han estado allí, muchos de ellos gozan de cierta impunidad y, al parecer, el gen del olvido ha hecho bien su trabajo. Un pueblo que logra navegar en el vasto océano del desconocimiento siempre será presa fácil de aquellos que quieren manejarlo todo.
No estamos hablando de fusión de isla, no estamos hablando de permitir el desorden reinante en muchos ambientes del país. Es importante que se pueda erradicar la corrupción en los puestos de vigilancia de la frontera y que sea real la supervisión de indocumentados, donde no salga a relucir la extorsión de muchos trabajadores de la construcción.
Es necesario recordar que Estados Unidos ha intervenido en la República Dominicana en dos ocasiones:
• 1916-1924: La primera ocupación estadounidense de la República Dominicana duró 8 años. La principal causa fue el incumplimiento de los pagos y de la Convención Dominico-Americana de 1907.
• 1965-1966: La segunda invasión estadounidense de la República Dominicana, conocida como Operación Power Pack, fue realizada el 28 de abril de 1965. El Cuerpo de Marines de los Estados Unidos desembarcó en Santo Domingo con 500 hombres, siendo la realidad de estos hombres ascendiendo a 20,000 efectivos militares. En esta intervención se buscó impedir que la República Dominicana se convirtiera en otra Cuba.
Siempre ha habido una causa para intervenir y ocupar. El tiempo destapa las realidades donde vidas inocentes se pierden. Soldados que pierden la vida, madres que quedan sin hijos, hijos que quedan sin padres, y al final solo tenemos un montón de gente deambulando por las calles bajo el estandarte de veteranos. Sus propios gobiernos los olvidan; guerras que pelean por defender un ideal donde muchas veces son engañados, dejando tras sí un rastro de sangre que es imborrable.
Es necesario despertar a la realidad y ver el respeto a la patria con la altura que merece, pero sin ser peones de nadie, donde se maneja un pueblo al antojo de los secretos más profundos de grupos que se nutren con el desconocimiento de un pueblo que, en espíritu y en verdad, quiere ver la patria que los héroes nos legaron.
Integrar el creol en el sistema educativo dominicano no implica un ataque al español como lengua nacional ni a la identidad dominicana. Más bien, es una oportunidad para fomentar el entendimiento y derribar barreras históricas. Aprender idiomas es un acto de apertura, no de renuncia a la identidad propia.
Hablar creol no define quién eres como dominicano, pero sí demuestra tu voluntad de comprender al otro. No se trata de renunciar a la identidad propia, sino de reconocer cómo podemos nutrirnos y sacar ventaja del mismo.

