COLABORACIÓN
Por Carlos Lester McKenzie
En una época en que la familia soporta el fuego cruzado de concepciones modernas y sufre los efectos corrosivos del libertinaje, los divorcios, el materialismo y la delincuencia “infanto-juvenil” se impone una urgente revaloración mediante la cual logremos que la familia sea un trampolín para el éxito y no un tobogán hacia el fracaso.
Diseñar la estructura de lo que podríamos identificar como una “familia ideal” comienza a ejecutarse con el noviazgo de un hombre y una mujer “emocionalmente maduros” y que mutuamente se profesan verdadero amor.
Podríamos decir que los juiciosos edifican el hogar sobre una roca solida mientras los insensatos lo hacen sobre arena movediza y es que en esta época el hogar necesita de una zapata bien solida, firme, que pueda soportar todo tipo de vientos, ráfagas, lluvias, tormentas, temblores, en fin, todos esos “fenómenos naturales” que sabemos tratan de socavar los cimientos de un hogar idealmente feliz.
Un factor que consideramos determinante en la solidez de una relación de hogar es reconocer que mientras se cumplan los mandatos de Dios y se tenga fe en El, la nave donde flota la familia no tiene temor de hundirse porque cuando muere la fe, mueren los ideales ya que no hay una base firme en la mente del hombre.
La familia no es solamente una agencia para la conservación de la especie y la educación de sus nuevos integrantes, también implica saber instruir a la nueva generación.
Me pregunto ¿si el gran aumento de la delincuencia donde un buen porcentaje de quienes delinquen son jóvenes y hasta menos jóvenes, no será una muestra de que falta autoridad, visión, convivencia, confianza, respeto, afecto, comunicación?
Hay problemas en el hogar, problemas en la escuela y obviamente en la sociedad que exige políticas decididas, transparentes, serias para mejorar algunas dificultades básicas en lo social que terminan afectando la calidad del sistema en su conjunto.
La educación es un proceso complejo y el aprendizaje una actividad y un logro difícil que requiere condiciones previas. No se aprende todo lo que se enseña, ni solo lo que se enseña.
La gran mayoría de los padres quiere profundamente a sus hijos y desean educarlos para que sean adultos responsables y aceptados por la sociedad sin embargo, la forma en que a veces se trata de enseñarles a comportarse no da los resultados proyectados.
El permisivismo de los padres que educan a sus hijos desde pequeños sin sentido del limite y consintiéndoles todos los caprichos no ayuda a que los infantes reconozcan el valor y esfuerzo para conseguir las cosas.
Recordemos que los niños, como los adultos, sienten tristeza, temor, ira, vergüenza y que muchas veces lo expresan de manera que incomodan a los adultos, pero tengamos presente que los niños nunca podrán hacer las cosas como las harían los mayores porque no son adultos, y hay padres que con sus reacciones ante el comportamiento de su(s) vástagos(s) parece que olvidaron que en una etapa de su vida fueron niños. A los infantes, a los niños, a los jóvenes hay que enseñarles con paciencia y a tener paciencia y no se le debe pedir mas de lo que pueden hacer. Nadie como un padre sabe lo que cada uno de sus hijos puede dar y cuando puede darlo.
Tengan todos un feliz domingo y a tomar en cuenta que una familia feliz es un refugio que permanece de pie cuando las peores tempestades pasan por la vida.

