COLABORACIÓN
Por Alex Dominguez alexdminguez@gmail.com
En la vida cristiana, muchos desean volar alto como el águila, alcanzar grandes posiciones y ministerios, pero pocos están dispuestos a pasar por el proceso de preparación. El águila sube porque está diseñada para las alturas, pero el cuervo, que intenta imitarla, termina desplomándose.
De la misma manera, si queremos ascender espiritualmente, debemos hacerlo con la dirección y el propósito de Dios, no por nuestra propia ambición.
Sin embargo, la Biblia nos advierte sobre aquellos que buscan grandeza sin haber sido transformados por Dios. En Jeremías 9:14-18, el Señor declara juicio sobre aquellos que han seguido a los Baales en lugar de Su verdad. Y en Ezequiel 21, habla de la espada desenvainada que vendrá sobre los que distorsionan Su Palabra.
Este mensaje no es para el mundo, sino para aquellos que dentro de la iglesia han asumido posiciones de liderazgo sin estar preparados, para los que buscan exaltación en lugar de servicio.
El Águila y el Proceso de Preparación
El águila no solo vuela alto, sino que sabe cuándo y cómo hacerlo. Hay un momento en su vida en el que debe renovarse:
• Se quita el pico golpeándolo contra la roca.
• Arranca sus plumas viejas para dar paso a nuevas.
• Espera pacientemente su renovación.
Este proceso es doloroso, pero necesario para que pueda seguir viviendo y dominando las alturas. De la misma manera, el creyente que desea crecer debe estar dispuesto a ser transformado, a dejar atrás lo viejo y a esperar el tiempo de Dios.
Jeremías 9:14-16 nos muestra el peligro de seguir nuestras propias ideas sin dirección divina:
“Antes se fueron tras la imaginación de su corazón, y en pos de los baales, según les enseñaron sus padres. Por tanto, así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: He aquí que a este pueblo yo le daré a comer ajenjo, y le daré a beber agua de hiel. Y los esparciré entre naciones que ni ellos ni sus padres conocieron, y enviaré espada en pos de ellos, hasta que los acabe.
Dios no respalda a quienes suben por su propia cuenta sin haber pasado por Su proceso.
El Peligro de Subir sin Oxígeno
El problema es que muchos quieren volar alto sin haber sido preparados. Se autoimponen títulos de pastores, profetas o ministros, pero no han pasado por el proceso de formación espiritual. Suben rápido, pero como el cuervo, no soportan la presión y caen.
El oxígeno que nos sostiene en las alturas es la presencia del Espíritu Santo. Sin Él, toda exaltación es vana. Romanos 8:14 nos dice: “Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, estos son hijos de Dios.”
No se trata de subir por nuestra fuerza, sino de permitir que Dios nos eleve en Su tiempo.
El Verdadero Servicio: La Enseñanza de Pablo
El apóstol Pablo nos da una clave sobre cómo prepararnos antes de ascender: el servicio. En sus cartas, nos enseña a:
• Servir a los necesitados, a los ancianos, a los que están en las calles (1 Timoteo 5:3-10).
• No buscar títulos o reconocimiento, sino vivir en humildad (Filipenses 2:3-4).
• Permitir que Dios nos forme antes de asumir un liderazgo (1 Timoteo 3:6: “No un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo.”).
En estos tiempos, muchos buscan un evangelio de poder y dones espirituales, pero no quieren pasar por el proceso de humildad y servicio. Quieren la corona, pero sin cargar la cruz.
La Espada de Dios y el Tiempo de Preparación
En Ezequiel 21, Dios habla de la espada que vendrá sobre los que no obedecen Su voluntad. Esto es un llamado a la reflexión:
• ¿Estamos subiendo porque Dios nos llamó o porque queremos reconocimiento?
• ¿Estamos dispuestos a ser quebrantados y renovados antes de volar alto?
• ¿Nos estamos dejando guiar por el Espíritu Santo o estamos volando sin oxígeno?
Jeremías 9:17-18 dice:
“Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Considerad, y llamad plañideras, y vengan; y enviad por las más hábiles, y vengan; y apresúrense a levantar llanto por nosotros, y desháganse nuestros ojos en lágrimas, y nuestros párpados se destilen en aguas.”
Esto nos muestra que hay un tiempo de llanto y humillación antes de la restauración. Dios no eleva a nadie que no haya sido antes quebrantado en Su presencia.
Volar alto es el propósito de Dios para sus hijos, pero hay un tiempo y una preparación para ello. Si intentamos subir sin dirección, caeremos como el cuervo. Si esperamos en Dios, Él nos llevará a alturas donde podamos resistir y cumplir Su voluntad.
Algo que no debemos olvidar y que. La verdadera elevación no es para nuestra gloria, sino para glorificar a Dios.

