COLABORACIÓN
Por Lester McKenzie
Existen expresiones que destacan cualidades humanas tales como ánimo, temple, hombría, sentido común y recuerdo que en nuestros años de escuela primaria los profesores, con su innato estilo didáctico nos referían esas y otras expresiones destinadas a fortalecernos emocionalmente sin dejar de meternos en la cabeza los quebrados, los fenicios, los vertebrados y las guerras patrias.
Puedo confesar que esas máximas me han sido saludablemente útiles en todas aquellas circunstancias de la vida en que el temor o la indecisión han puesto a prueba el buen juicio y también recuerdo que mis padres, de cuando en vez y de vez en cuando adornaban la conversación familiar con robustos aforismos.
Hoy dia esas expresiones que podrían parecer pasadas de moda, tienen raíces profundas en nuestro accionar y en nuestro modo de concebir la vida.
En vez de aquellas susodichas expresiones, en esta época se emplean palabras y expresiones nuevas para describir nuestro estado de ánimo y la manera de hacer frente a dificultades que siempre han de acosar al ser humano. Ahora estamos “inseguros”, “frustrados”, “somos inadaptados”, o empequeñecidos por un “complejo de inferioridad” y no olvidemos el «stress», y la «hiperactividad». Creo que estos nuevos términos carecen de la afirmación y el optimismo de los antiguos.
Implícitamente late en ellos la idea de que estamos rodeados de enemigos difíciles de vencer y echamos mano de esta terminología para intentar vencerlos.
Muchos padres se resisten a creer que sus hijos están sencillamente mimados o que son malcriados, pues temen que sean niños problemas necesitados del cuidado de expertos para no dar en neuróticos y acabar por ser miembros inútiles de la sociedad.
Tampoco los adultos nos vemos libres de tales preocupaciones y muchos son los que esperan dar con la panacea que aligere la carga de los errores de criterio pasados y presentes y alivie los miedos al futuro.
Nos damos cuenta vagamente de que algo no marcha bien en nosotros y sin hacer ningún tipo de intento serio, vamos a los libros de los profesionales, o vamos a sus oficinas y pagamos para ello, para que nos garanticen enseñarnos a conocernos a nosotros mismos.
La lectura menos detenida de estos libros revela que todo cuanto contienen es lo que antes llamábamos “sentido común”.
Nos recomiendan que nos justipreciemos serena y objetivamente; que reconozcamos francamente nuestras debilidades y faltas; que decidamos acabar a toda costa con la sensibilidad excesiva, que no es en el fondo sino una forma de auto-complacencia; que adquiramos cierto grado de responsabilidad en cuanto al bienestar de nuestras familias y comunidades; que empecemos de nuevo; en resumen, nos recomiendan que confiemos en nuestra propia facultad de disciplinarnos.
Reconozcamos que la vida tal vez no sea todo lo que queremos, pero es todo lo que tenemos y es hora de que lo aceptemos.
No descubriremos sus secretos ni sus posibles riquezas a la luz del consejo ajeno, por acertado que sea, si no lo completamos con nuestro propio sello individual de “animo” y “sentido común” que nos diferenciara de los demás de nuestra misma especie, pues recordemos que cada cabeza es un mundo.
Feliz domingo para todos, en familia, y tengan presente que si tienen un sueño deben conservarlo y luchar por cristalizarlo. La gente que no logra hacer sus sueños realidad suele decirle a los demás que tampoco cumplirán los suyos.

