Santo Domingo, R.D.- El reconocido salsero puertorriqueño, Gilberto Santa Rosa, ya es oficialmente un dominicano. El artista, quien está casado con la comunicadora dominicana Alexandra Malagón, recibió este martes sus documentos de identidad tras obtener la nacionalidad dominicana.
Con su acta de nacimiento y cédula dominicana en mano, El Caballero de la Salsa se convirtió en un ciudadano más de la República Dominicana.
Santa Rosa visitó este miércoles 26 de marzo del 2025, las oficinas de la Dirección Nacional de Registro Civil y de Cedulación, donde fue recibido por los directores de la Junta Central Electoral (JCE): Américo Rodríguez (director de Cedulación), Rhina Díaz (directora de Registro Civil), y otros funcionarios, como Manuel Ruiz (subdirector de Registro Civil) y Julio Vittini (encargado de Calidad del área).
recibió este martes sus documentos de identidad tras obtener la nacionalidad dominicana.
La nacionalidad fue otorgada al cantante en 2013 por el entonces presidente de la República, Danilo Medina, a través del decreto 158-13. Este fue el primero de los cinco actos de naturalización que la Ley 116-83 facultó al mandatario durante su gestión.
En 2023, el cantante español Diego el Cigala también recibió una promesa similar de naturalización dominicana, lo que refleja el fuerte vínculo del país con la cultura artística.
“Me siento privilegiado de ser parte de este país y cada vez que lo visito recibo muestras de cariño. Puerto Rico y República Dominicana son países muy cercanos con relaciones muy estrechas”, expresó Santa Rosa tras recibir su cédula. Además, no descartó la posibilidad de fijar residencia en la República Dominicana en los próximos años.
Sobre Gilberto Santa Rosa
Gilberto Santa Rosa Cortés (Santurce, Puerto Rico, 21 de agosto de 1962) es un cantante puertorriqueño de salsa. Apodado «El Caballero de la Salsa».
Intérprete de salsa, baladas románticas y boleros. Inició su fama artística siendo vocalista en la Orquesta de Willie Rosario a sus 19 años de edad, canciones como La Mitad, Lluvia, Cuando se Canta Bonito, entre otros.
Hijo de un dibujante de planos de ingeniería y de una operadora de las primeras computadoras IBM de la isla. Ganador de 1 Grammy y 5 Latin Grammy.
Ha vendido más de 30 millones de copias en los Estados Unidos y Puerto Rico. Entre otras canciones conocidas son «Que alguien me diga», «Si no me ven llorando», «Esas lágrimas», «Ni te llamo ni te busco», «Lluvia» con Tony Vega & la Orquesta de Willie Rosario, «Pa’ quererse no hay que verse», «Vivir sin ella», «Conciencia», «Perdóname», «Sin voluntad», «Pueden decir», «No quiero na’ regala’o», «Sombra loca», «Me volvieron a hablar de ella», «Que se lo lleve el rio», «Qué manera de quererte», «Conteo regresivo», entre otras.
Debut musical
A sus 24 años debutó como solista y director de orquesta con el apoyo de la compañía Combo Records del maestro Rafael Ithier y el productor Ralph Cartagena.
Grabando cuatro discos de larga duración Gilbertito se reafirmó como uno de las promesas más importantes de la salsa de fin de siglo.
En 1990, hace su debut teatral en la obra «La pareja dispareja» junto a Rafo Muñiz y Luis Vigoreaux, hijo. Además, debuta en el Centro de Bellas Artes en un concierto junto al nicaragüense Luis Enrique, en el cual confirmó su enorme arraigo y su don para el soneo.
Fue para esa fecha que pasó a formar parte de la familia discográfica CBS, hoy conocida como Sony Discos. Su primera producción para este sello fue Punto de vista en 1990, la cual recibió disco de oro y platino. Pero a esta siguieron entonces los exitosos lanzamientos de nuevas producciones como fueron Perspectiva (1991), A dos tiempos de un tiempo (homenaje a Tito Rodríguez editado en 1992), Nace aquí (1993), De cara al viento (1994), The Man and His Music (producción que en 1995 recoge en vivo la presentación del artista en el prestigioso Carnegie Hall de Nueva York); Esencia (1996) y De corazón (1997).
Su música y su estilo inconfundible lo llevaron hasta Japón, país que visitó como embajador musical de Puerto Rico en 1995 y en el que logró romper con las barreras idiomáticas, al interpretarles «De cara al viento» en el difícil idioma japonés.
Desde entonces el mercado internacional lo reclama convirtiéndolo en uno de los artistas del género tropical de mayor demanda en el exterior.
Su carrera cosechó grandes éxitos al fundir el género clásico y tropical en el histórico concierto «Salsa Sinfónica» presentado en el Centro de Bellas Artes, de San Juan. Acompañado por la Orquesta Sinfónica de Puerto Rico, su producción se presentó en los Estados Unidos, así como rompió récords de taquilla en el Teatro Teresa Carreño de Caracas, en febrero de 1998.
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