Por Nelly Montás Gil
El alcalde del municipio de La Romana, Kery Metivier, ha vuelto a colocar en el debate público el potencial turístico de Caleta, una zona que por décadas ha sido subestimada a pesar de tener condiciones excepcionales para convertirse en uno de los polos más importantes del turismo dominicano.
Sin embargo, la preocupación que muchos expresan es que este reconocimiento llega tarde y en medio de una gestión fragmentada, donde cada funcionario camina por su lado sin una agenda común de desarrollo.
Desde que Metivier dirigió el distrito de Caleta, inició una lucha incansable para atraer inversionistas. Su intención fue clara: convertir a esa zona en un destino turístico organizado, capaz de generar empleos y competir con otros polos como Bávaro y Cap Cana. Pero lejos de recibir respaldo, fue atacado.
Se le acusó de “vender la playa” y de querer privatizar lo que debía seguir siendo de acceso público. Aquella campaña no solo fue injusta, sino que reflejó la resistencia histórica de ciertos grupos locales que, como muchos ciudadanos señalan, “ni hacen ni dejan hacer”.
El valor de Caleta no es un simple discurso político. Está ahí, visible:
• Una playa frente al Mar Caribe.
• La cercanía inmediata de la Isla Catalina.
• Un nuevo muelle con potencial para articular rutas hacia Saona.
• Conexión natural con zonas como Cucama y el 14 de Cumayasa, ambas con playas y paisajes únicos.
• La ventaja de estar a pocos minutos de La Romana, ciudad que ya cuenta con un aeropuerto internacional, el puerto de cruceros más importante del país, atractivos culturales como Altos de Chavón y maravillas naturales como las cuevas.
En conjunto, Caleta tiene más recursos turísticos que otros polos que hoy generan miles de empleos y divisas para la República Dominicana.
El gran obstáculo de Caleta no es la falta de potencial, sino la falta de visión y coordinación. Mientras en otros destinos del país las autoridades, empresarios y comunidades han logrado unirse para diseñar un plan común, en La Romana predomina la fragmentación. Cada funcionario empuja hacia su lado, sin entender que solo trabajando en conjunto se puede lograr un proyecto turístico de impacto real.
Metivier es aguerrido y persistente. Su insistencia en que “si Caleta se desarrolla, se desarrolla La Romana” . Pero un alcalde no puede luchar solo. Se necesita una estrategia conjunta que incluya:
• Gobierno central.
• Ministerio de Turismo.
• Inversionistas locales e internacionales.
• Comunidades organizadas
• Coordinación intermunicipal para conectar Caleta con Cucama y Cumayasa.
Caleta es un “monstruo dormido” que puede despertar y transformar La Romana en un verdadero competidor de Bávaro y Cap Cana.
Pero esto no se logrará con improvisación ni con funcionarios cada quien por su lado. Se requiere una visión colectiva, planificación y voluntad política. La provincia ya tiene los recursos naturales, culturales y de infraestructura. Lo único que falta es que sus autoridades y su gente decidan trabajar de la mano.
De lo contrario, Caleta seguirá siendo una promesa repetida y nunca cumplida.

