COLABORACIÓN
Por Antonio Corcino
«Hechos, no palabras» es más que una expresión, es un principio fundamental que resuena con fuerza en el escenario político de la República Dominicana.
Este axioma, que resalta la importancia de las acciones sobre las promesas vacías, cobra vida en la gestión del presidente Luis Abinader, donde cada logro es un pilar sólido que sostiene la confianza y la prosperidad del país.
Así como confiamos en la estabilidad de un puente firme para cruzar de un lado a otro, confiamos en un liderazgo que muestra hechos concretos.
Los resultados exhibidos por el gobierno de Abinader actúan como certezas irrefutables, disolviendo la negación y la resistencia de la oposición política.
Estos hechos derriban toda retórica vacía y sin fundamento; son el fundamento robusto que sustenta la confianza ante las amenazas y desafíos, tal como un puente resistente que soporta las cargas que enfrenta.
En el panorama político-electoral del 2024, la estrategia de la oposición política parece centrarse en esquivar la verdad mediante razonamientos construidos sobre falsedades, mientras el presidente Abinader les responde con hechos tangibles.
El lema «Hechos, no palabras» se convierte en un estandarte que ondea ante los números respaldados por organismos y certificadoras internacionales, dejando poco espacio para la manipulación o el engaño.
Durante las campañas electorales, la guerra por conquistar la mente de los votantes se libra con mentiras y desinformación.
Sin embargo, prevalecen los hechos verificables para todos. En este proceso, la oposición política busca confundir y engatusar con palabras vacías, pero choca contra la sólida muralla de hechos presentados por el gobierno de Abinader, como el hecho de que nuestro PIB real superó el promedio de América Latina y el Caribe.
Los resultados son tangibles. La economía dominicana no solo se recuperó de manera excepcional, sino que se consolidó en el 2022 y 2023, superando incluso las expectativas ante desafíos globales.
Las remesas, el turismo, las exportaciones y la inversión extranjera directa se afianzaron durante este tiempo como pilares económicos. El país acumuló reservas internacionales, mantuvo la estabilidad del peso y controló la inflación.
De modo que las consideraciones de la oposición política se derriten como vela encendida y quedan como mentirosas ante la población.
En tanto, la reducción de la pobreza, el aumento de empleos productivos, los aumentos mínimos y el incremento del PIB per cápita son evidencias palpables del éxito de las políticas implementadas.
Las estadísticas desmienten las palabras huecas de aquellos que buscan desacreditar la gestión gubernamental y colarse como creíbles.
Pues, la disciplina fiscal y las políticas presupuestarias acertadas permitieron cerrar el 2023 con un déficit menor al estimado, incluso a pesar de destinar recursos para emergencias climáticas y otros eventos.
Las obras inauguradas, la mejora de hospitales, las entregas de titulaciones y las ayudas sociales muestran el compromiso del gobierno con el bienestar de la población.
Esto así que las evidencias no se pueden negar. No son palabras ni caprichos, son logros tangibles. La oposición puede recurrir a la retórica, pero el presidente Abinader responde con obras, pruebas y resultados que refuerzan la confianza en su liderazgo.
Ante este año de coyuntura política-electoral, como votantes podemos discernir entre hechos y las palabras sin respaldos esparcidas por los medios.
Lo evidente prevalecerá a la hora de concurrir a votar. Las obras y los resultados que exhibe este gobierno no se pueden pasar por alto.
Esta nueva realidad se ha construido y se abre paso hacia un futuro sólido y próspero. En el juego de «Hechos, no palabras», la verdad siempre se impone, y los dominicanos tenemos ante sí una narrativa respaldada por logros concretos, no por promesas vacías.

