Amado Padre de mi Corazón:
Hoy es el día en que en la tierra que nos tocó con sumo orgullo nacer y vivir, te honran. Un día poco llamativo para muchos, pero jamás para mí, tu hijo.
Las tradiciones van y vienen según los miembros de la familia preservan las mismas.
En tu caso, venerado, amado y respetado Padre mío, conocí el valor e importancia de la congregación familiar, porque siempre ví en ti ese anhelo de preocupación por conocer a tus hermanos, mis tíos a quien hoy también honro, muy a pesar de ser éstos de múltiples estirpes.
Escuché la semana entera gente expresar que hoy era un día sin significado alguno, porque nadie se acuerda de ti.
Asombro, provocó en mí astronómica aseveración, porque desde que tengo uso de razón, no he necesitado un día al año para valorarte, amarte, respetarte y cuidarte.
Tu presencia desde mi niñez siempre fue sin tapujos, sin peros, esperas o postergaciones. Una constante sin igual, decidida a crear condiciones más allá de las que te brindó mi también amado abuelo. Tu papá. Hombre a quien llore dolosamente tras su partida y de quien recuerdo y vive en mí sus ensañanzas.
Padre querido, te honro siempre y jamás tendré fechas establecidas para dedicarte palabras de valía, solidaridad, respeto y admiración
Tras la muerte de Mami, tu compañera de media vida, el nexo nuestro maduró aún, porque me convertí en tu compañero incondicional, por encima de mis apetencias personales, debido a que por mi mente nunca pasó dejar de cuidarte y lo haré hasta que el Señor decida tu partida.
Soy padre, pero no puedo emularte. No compito con nuestras generaciones, puesto que cada cosa está en su lugar.
Amado Padre de mi corazón, eres y serás siempre esa incandescente luz de amor y humildad, que siempre te ha caracterizado, muy por encima de llevarnos a sitiales privilegiados, pero siempre enseñándonos que todo es cíclico. Que por ninguna razón permitiera espacio alguno para la soberbia o arrogancia por acceso a dos o tres cheles.
Honré a mi Madre e igual lo haré contigo. Eres y has sido más allá de eso por tu entrega abnegada desde que ví tu rostro y pude expresar con júbilo: La Bendición Papi.
¡Felicidades Padre Amado!

