OPINIÓN
Por Marcos Sánchez
«¿Y qué quiere usted que yo haga? ¡Búsquese lo suyo que yo estoy detrás de lo mío!», me respondió un ciudadano al momento de coincidir en una concurrida arteria vial de La Romana, en un horario que convergen todo tipo de vehículos en ambas direcciones con el aderezo de ser además, oblicuas.
El reclamo giró en torno a que el individuo en cuestión, tenía un amplio espacio ocupado en plena vía franca con una camioneta minada de limones a la venta, y obstaculizaba el desplazamiento de todo quien pasara por allí.
Sin éxito, tuve que proseguir yéndome un poco al carril contrario (a los fines rápidamente de reincorporarme en el que me corresponde), mientras al frente venía un vehículo a alta velocidad en dirección Este-Oeste (en su carril y a su derecha), quien sin remedio me recriminó «¡¿Verdugo te vas a meter?!«.
Actualmente las personas han perdido en su gran mayoría, el nivel básico de respeto, consideración o interés por la colectividad. Es un accionar netamente individual sin importar nada ni nadie más.
Con niveles de frustración me dije así mismo «No creo que podremos lograrlo. Esto es un valle de locos. Una selva de concreto«.
El capítulo urbano me trajo a la memoria el título de la obra satírica La Nave de los Necios, conocida también como La Nave de los Locos (alemán moderno: Das Narrenschiff), la cual es una alegoría, que aparece por primera vez en el Libro VI de La República de Platón, sobre un barco con una tripulación disfuncional.
La alegoría pretende representar los problemas de gobernanza que prevalecen en un sistema político que no se basa en el conocimiento experto.
Las imágenes del barco se hicieron populares, especialmente en tierras de habla alemana, especialmente después de la publicación del libro satírico de Sebastian Brant, Ship of Fools (1494), que sirvió de inspiración para el cuadro de Hieronymus Bosch, Ship of Fools.
Normalmente, las imágenes muestran un barco lleno de hombres, en su mayoría vestidos con trajes tradicionales de bufón o tonto con cuernos de tela terminados en campanas, muchos de ellos peleando, bebiendo y peleando.
En el libro, un barco (al principio una flota entera) zarpa de Basilea con destino al Paraíso de los Locos. En él, Brant concibe a San Grobian, a quien imagina como el santo patrón de la gente vulgar y grosera.
En las composiciones literarias y artísticas de los siglos XV y XVI, el motivo cultural del barco de los locos también sirvió para parodiar el «arca de la salvación», como se llamaba a la Iglesia católica
Una «sátira política compleja», cuya composición se repitió en al menos siete grabados diferentes del siglo XV, lo que indica una gran popularidad, muestra al Papa Pablo II y al emperador del Sacro Imperio Romano Germánico Federico III luchando en lo alto del mástil de un barco, vistiendo sólo calzoncillos y sus respectiva tiara y corona papal. Los emblemas y etiquetas cubren muchas otras potencias europeas; la alegoría trata de las consecuencias políticas de las reuniones entre los dos hombres en 1468-69.
Después de la Reforma Protestante, algunas representaciones tomaron un giro sectario. Una ilustración grabada en madera de una edición de 1584 del libro de Brant muestra al Anticristo sentado encima del Narrenschiff volcado, mientras que en primer plano San Pedro guía un pequeño bote de hombres respetablemente vestidos hasta la orilla.
El «La Nave de los Locos» se ha seguido utilizando hasta el siglo XX como título de numerosos libros, canciones y otras obras. Algunas ciudades alemanas tienen esculturas públicas modernas sobre el tema: una fuente de Jürgen Weber en Nuremberg (década de 1980), un grupo escultórico en Neuenburg am Rhein (2004), una fuente en Colonia y una en Bräunlingen del barco naufragado.
Regresado a nuestra realidad, pregunto (alegóricamente) ahora a quien lea este artículo: ¿Qué rol desempeña usted respecto a los tripulantes del barco?

