COLABORACIÓN
Por Antonio Corcino
En el complejo mundo de la política, el discurso político-electoral se convierte en una herramienta crucial para los líderes que buscan recuperar la confianza de sus seguidores y la opinión pública.
Uno de los temas más debatidos es el uso del patriotismo como recurso para manipular emociones y ganar apoyo popular en tiempo electoral, como en este año de elecciones en el país.
Cuando un político se enfrenta a acusaciones que empañan su imagen pública. Se comprende que su disertación sea enfocada, si es el caso, a desmentir o aclarar afirmaciones.
Contrarrestar sería el objetivo ante las percepciones negativas y de esa manera mostrar una versión diferente de los acontecimientos. Claro, esto puede implicar refutar críticas relacionadas con conductas controvertidas o situaciones que generaron la controversia.
Ahora bien, en el discurso político, el patriotismo se erige como una pieza fundamental. No obstante, su empleo excesivo o engatusador puede distorsionar la percepción de la realidad y conducir a decisiones basadas más en lealtad patriótica que en un análisis objetivo de la situación nacional.
Al explotar lo emocional del público de lo que representa este recurso, los líderes políticos corren el riesgo de desviar la atención de temas cruciales y crear una imagen deformada de la realidad.
Un ejemplo lo constituye lo expuesto donde empieza la patria; allí se aprovechó la ocasión para emplear términos para describir la indignación.
A razón de la visita del líder del partido Fuerza del Pueblo a la región fronteriza, fijó posición a la acusación hecha al país por la intervención de Amnistía Internacional y ACNUR en asuntos nacionales.
Cuestiono la autoridad de estas entidades para imponer criterios. Autoproclamado como defensor de la soberanía dominicana frente a las imputaciones infundadas de discriminación racial en la aplicación de las políticas migratorias hacia Haití.
Y como centinela, visualiza motivos de seguridad nacional en el contexto de la violencia en el país vecino; mueven sus razones para hacer su llamado.
De esa manera dicho candidato a la presidencia de la república en las elecciones Congresuales y Presidenciales del 19 de mayo, con escasa y difusa autoridad trata mediante el lenguaje exigir a los organismos internacionales contribuir a resolver la crisis haitiana en lugar de acusar a la República Dominicana.
Fue en aquel momento actuando en nombre de su partido en las inmediaciones del paso fronterizo, en Dajabón, y el mercado binacional con Haití, que apeló a la estrategia de mostrarse como defensor de la soberanía nacional frente a las incriminaciones.
Explota este espacio simbólico con valor político-emocional, como el patriotismo, para crear ilusiones de unidad y propósito común.
Sin embargo, el abuso del patriotismo puede llevar a la polarización y al enfrentamiento entre grupos, especialmente cuando se utilizan discursos inflamados para señalar a otros como «enemigos» internos o externos de la nación.
Esto puede generar divisiones y conflictos sociales que afectan negativamente la cohesión y estabilidad de la sociedad.
Hay que convenir en que primero analizar minuciosamente el discurso político-electoral para comprender las motivaciones y el contenido subyacente en las palabras.
Usar emocionalmente el patriotismo puede desfigurar la percepción de la realidad y desviar la atención de problemas genuinos que demandan soluciones claras y objetivas.
En ese sentido, es esencial encontrar un equilibrio entre el legítimo orgullo patriótico y una evaluación crítica de las acciones y políticas de los líderes políticos.

