COLABORACIÓN
Por Nelly Montás Gil
La República Dominicana cuenta con aproximadamente 50 concilios evangélicos cuya misión principal es la supervisión y regulación de las iglesias evangélicas en el país.
Sin embargo, estos concilios han sido objeto de críticas severas debido a su aparente incapacidad para controlar y monitorear efectivamente a las iglesias bajo su jurisdicción.
Esta deficiencia se hace especialmente evidente en casos de abusos sexuales cometidos por pastores, donde los concilios se desvinculan rápidamente de las iglesias involucradas, alegando que no forman parte de su organización.
Falta de Transparencia y Supervisión
Uno de los problemas más notorios es la falta de transparencia en cuanto a cuáles iglesias están afiliadas a cada concilio. No existe un registro público ni una base de datos accesible que detalle las iglesias supervisadas por cada uno de los 50 concilios.
Esta opacidad dificulta la responsabilidad y la rendición de cuentas. Sin una lista clara y pública, es casi imposible para los feligreses, las autoridades y la sociedad en general, saber cuáles iglesias están siendo supervisadas adecuadamente.
Incapacidad para Manejar Escándalos
En los numerosos casos de abuso sexual por parte de pastores, la respuesta de los concilios ha sido consistentemente insuficiente. En lugar de asumir la responsabilidad y tomar medidas correctivas, los concilios se distancian de las iglesias involucradas.
Esta reacción no solo muestra una falta de compromiso con la supervisión efectiva, sino que también permite que los abusos continúen sin consecuencias reales para los perpetradores o las instituciones que fallaron en prevenirlos.
Desconexión entre Concilios e Iglesias
La proliferación de concilios sin una supervisión centralizada efectiva ha llevado a una fragmentación que dificulta la regulación coherente y coordinada de las iglesias.
Cada concilio opera de manera autónoma, lo que resulta en una falta de estándares uniformes y en una supervisión inconsistente.
Esta desconexión significa que las iglesias pueden operar con relativa impunidad, cambiando de afiliación o reclamando independencia cuando se enfrentan a problemas graves.
Necesidad de Reformas
Para abordar estas deficiencias, es crucial implementar una serie de reformas que promuevan la transparencia y la responsabilidad en los concilios evangélicos. Estas reformas podrían incluir:
1. Publicación de Registros: Cada concilio debe mantener y publicar un registro actualizado de todas las iglesias bajo su supervisión. Esta base de datos debe estar accesible al público y debe incluir información sobre las prácticas de supervisión y los criterios de afiliación.
2. Estándares Uniformes de Supervisión:
Establecer estándares uniformes y obligatorios para la supervisión de iglesias, que todos los concilios deben seguir. Estos estándares deben incluir protocolos para la formación y certificación de pastores, así como procedimientos claros para manejar denuncias de abuso y mala conducta.
3. Monitoreo y Evaluación Independientes:
Crear un organismo independiente encargado de monitorear y evaluar la eficacia de los concilios en la supervisión de iglesias. Este organismo debe tener la autoridad para investigar y sancionar a los concilios que no cumplan con los estándares establecidos.
4. Mecanismos de Denuncia y Apoyo:
Desarrollar mecanismos accesibles y confidenciales para que los feligreses puedan denunciar abusos o malas prácticas dentro de las iglesias. Estos mecanismos deben incluir apoyo legal y psicológico para las víctimas.
Compromiso con la Rendición de Cuentas
Es imperativo que los concilios asuman una postura proactiva y transparente en su labor de supervisión. La sociedad dominicana merece saber que las instituciones religiosas operan bajo estrictas normas de ética y responsabilidad.
Los líderes de los concilios deben rendir cuentas de sus acciones y asegurarse de que todas las iglesias bajo su supervisión cumplan con los más altos estándares de conducta.
La falta de transparencia y supervisión ha permitido que muchos pastores actúen sin control, poniendo en riesgo a los miembros más vulnerables de sus congregaciones.
Es hora de que los concilios asuman plenamente su responsabilidad y trabajen para garantizar que las iglesias evangélicas sean lugares seguros y de confianza.
Implementar estas reformas no solo restaurará la fe de los feligreses en sus líderes religiosos, sino que también contribuirá a la construcción de una sociedad más justa y ética.

