Redacción Quevedo Informativo.- Una controversia es la discusión de opiniones contrapuestas entre dos o más personas.
La controversia en temas de teología tradicionalmente ha sido de excepcional preocupación y la misma en general se considera divisora en una sociedad dada; algunos temas controvertidos son considerados tabú o muy delicados para ciertos sectores, a menos que un grupo dado de personas puedan tratar el tema desde una perspectiva común para discutir y compartir las posturas personales de cada quien sobre la cuestión.
Áreas perennes de controversia son la religión, filosofía, política, ciencia, deportes e incluso entretenimiento.
Precisamente en la última área en mención es el objeto de este artículo. Se trata de la controversial y polémica portada del álbum «Back To The Shit» de la cantante estadounidense de soul y R&B, Millie Jackson, lanzado el 25 de mayo de 1989 y producido por la propia intérprete junto a Timmy Reppert vía el sello disquero Jive Records.
Previamente citamos los términos controversia y polémica y es que a menudo se considera que controversia es sinónimo de polémica y si bien es verdad, este último se usa más en relación con el cuestionamiento o la duda de aceptación acerca de algo o alguien.
El álbum en vivo de Jackson, se destaca por su portada, que muestra a la artista sentada en un inodoro con los panties hasta los tobillos, con una expresión tensa en su rostro.
Generó mucha curiosidad en su momento y vía la activación del morbo a nivel general, muchos compraron el LP para darse por enterado qué tanta relación existente había entre su portada y contenido. Otros lo adquirieron únicamente para criticar ácidamente a la cantante. Lo cierto es que consciente o no del hecho, Millie Jackson provocó un buen ruido mediático en 1989 con esta producción discográfica en vivo.
¿Es algo nuevo?
No del todo. Muy a pesar de que este ejemplo data de 35 años atrás, hoy en la actualidad, el crear polémica está más latente que nunca ya que la era digital permite una exposición mayúscula respecto a tres décadas atrás.
La percepción del consumidor quedará en su memoria por largo tiempo e incluso, su parecer respecto a cuestiones éticas y morales hacia un artista en particular. Lo real de todo esto es el marcado interés de generar ganancias económicas tomándose un riesgo que bien podría disparar la carrera del artista y a su vez, enterrarla para siempre.
¿Existe algún vínculo con el llamado trastorno histriónico de la personalidad (THP)?
Antes que nada, debemos definir qué es en sí el llamado Trastorno Histriónico de la Personalidad (THP).
El trastorno de personalidad histriónica, es un trastorno mental que se caracteriza por un patrón generalizado de excesiva emocionalidad y búsqueda de atención.
Son afecciones de la salud mental que se caracterizan por patrones de pensamiento, percepción, reacción y relación duraderos y repetitivos que provocan una angustia importante a la persona afectada y/o afectan su capacidad de desenvolverse.
Las personas con trastorno de personalidad histriónica usan su apariencia física y actúan de forma inapropiada, seductora o provocativa para llamar la atención de los demás. A menudo se comportan de manera sumisa para retener la atención de los demás.
El trastorno de personalidad histriónica afecta a cerca del 2% de los estadounidenses. Algunos estudios sugieren que afecta a hombres y mujeres por igual.
Dicho ésto, se abre una puerta de opción para que una casa disquera (estando consciente o haciendo creer), proceda a crear una estrategia de mercadeo con un determinado artista y opte por capitalizar la misma a sabiendas que la toma de ese riesgo, generará ganancias millonarias o concluir en un fiasco astronómico.
Pero, ¿Y qué tal si es afecta la marca?. Quienes estén detrás de esa treta, correrán ese riesgo y habrá que ponerle nombres y apellidos en caso de resultar en un estrepitoso fracaso comercial e igual aparecerán si es todo lo contrario.
Agudizar el sentido crítico
Cuando se nos muestra algo que contrapone lo establecido social o moralmente, lo más aconsejable es activar el sentido crítico.
Esa práctica nos ayuda a discernir entre argumentos mediocres y brillantes, a distinguir la información de valor de la prescindible, a desmontar prejuicios, a hallar conclusiones bien fundamentadas, a generar alternativas, a mejorar la comunicación y, en definitiva, a darnos por enterado qué tan real es lo ofertado.

