Redacción Quevedo Informativo.- El machismo es la sensación de ser «varonil» y autosuficiente, un concepto asociado con «un fuerte sentido de orgullo masculino: una masculinidad exagerada».
El término se originó a principios de los años 1930 y 1940 y se define mejor como estar orgulloso de la propia masculinidad.
Si bien el término se asocia con «la responsabilidad del hombre de mantener, proteger y defender a su familia», el machismo se asocia fuerte y consistentemente con el dominio, la agresión, la grandilocuencia y la incapacidad de cuidar.
Se encuentra que la correlación con el machismo está profundamente arraigada en la dinámica y la cultura familiar.
Además el machismo se asocia a la actitud o forma de discriminación sexista caracterizada por la prevalencia del varón sobre la mujer.
Se considera machismo también al conjunto de conductas, creencias y prácticas sociales destinadas a promover el enaltecimiento y prevalencia del hombre en perjuicio de la mujer.
Ideológicamente
El término suele presentar diferentes significados o definiciones debido a la apropiación de ideologías políticas sobre el mismo tema.
Según el Diccionario ideológico feminista, el machismo es «el conjunto de leyes, normas, actitudes y rasgos socioculturales del hombre cuya finalidad, explícita y/o implícita, ha sido y es producir, mantener y perpetuar la opresión y sumisión de la mujer a todos los niveles: sexual, procreativo, laboral y afectivo».
El mismo texto señala que el concepto se usa como sinónimo de sexismo, aunque el de «machismo» perdura sobre todo en el lenguaje coloquial y en las protestas, pintas, pancartas y pegatinas de las calles.
La palabra macho tiene una larga historia tanto en España como en Portugal, incluidas las lenguas española y portuguesa.
Macho en portugués y español es un término estrictamente masculino, derivado del latín mascŭlus, que significa «masculino».
Originalmente se asoció con el papel social ideal que se esperaba que desempeñaran los hombres en sus comunidades, más particularmente en las sociedades y países de habla ibérica.
Además, debido a la historia de conquistas, batallas y constantes luchas burocráticas de América Latina, se esperaba que los hombres poseyeran y demostraran valentía, coraje, fuerza, sabiduría y liderazgo. Ser macho (literalmente, «ser macho») era una aspiración de todos los niños.
Como muestra la historia, los hombres a menudo desempeñaban roles poderosos y dominantes, lo que retrataba el estereotipo de un macho violento.
Así, el origen del machismo sirve como ilustración de la historia pasada, las luchas que enfrentó la América Latina colonial y la evolución de los estereotipos de género con el tiempo.
Violencia machista
La violencia machista se refiere a todas aquellas acciones que contribuyen al menoscabo sistemático de la dignidad, el estima y la integridad física y mental de las mujeres, niñas y personas con una identidad de género y/o sexualidad distinta a la normativa.
Es un tipo de violencia estructural, ya que se encuentra presente en todas las sociedades y todos los espacios sociales, aunque se da en distintos niveles y mediante diferentes mecanismos dependiendo de diversas cuestiones de raza, clase y pertenencia a determinado grupo étnico.
Esta violencia es una expresión de la desigualdad que impone el patriarcado y, a su vez, es el instrumento que garantiza su continuidad. Se arma a través de tres ámbitos: la violencia simbólica, que genera los prejuicios y el ideario; la violencia estructural, con todas las instituciones que garantizan la discriminación; y la violencia material, en todas sus expresiones concretas de violencia directa.
Asimismo, es un medio que ayuda a reforzar, legitimar y reproducir la supremacía de “lo masculino” sobre “lo femenino” y sobre todas aquellas identidades de género que no se encuentran circunscritas dentro de estas dos categorías.
La violencia machista que se da en el ámbito privado es una de las más extendidas e invisibilizadas, a pesar de que en los últimos años se pueden encontrar una serie de esfuerzos para identificarla y afrontarla.
Suele darse en el seno de la familia o dentro de una relación afectiva, siendo el perpetrador aquel que asume un papel masculino dominante, basando los actos de violencia que comete en este rol. Puede tomar la forma de violencia física, psicológica, económica, laboral y/o sexual.
Educación machista
Realizada desde las escuelas y la propia familia, por la cual el proceso de enculturación trata de justificar y continuar el orden social existente.
Eso incluye considerar como valores positivos la sumisión al marido, el matrimonio y la procreación como una forma preferente de autorrealización.
En las sociedades machistas, tradicionalmente se ha adoctrinado a las niñas y jóvenes para limitar su ámbito de actuación a la vida doméstica, orientando su educación hacia actividades como bordar, limpiar, cocinar o cuidar a los hijos.
Hasta los movimientos de emancipación femenina del siglo xx las universidades y academias de ciencias no admitían mujeres. No fue hasta la segunda mitad del siglo en que les fue permitido a las mujeres el uso de pantalones en lugares públicos.

