Por Marcos Sánchez
Toda República Dominicana, y cito literalmente «toda», se enteró de la sonada victoria de la atleta Marileidy Paulino (Nizao, 25 de octubre de 1996), quien en la edición 2024 de los Juegos Olímpicos celebrados en París, obtuvo la medalla de oro en los 400m individual, además del record olímpico con un tiempo de 48.17, tornándose en la primera atleta dominicana en lograr dicha hazaña.
Los televisores, radios, redes sociales y versiones digitales de medios tradicionales y propios de esa naturaleza cibernética, estaban en una única sintonía: ver en vivo la actuación de la ahora famosa corredora, a quien le apodan «La Gacela de Nizao».
En reconocidos centros comerciales de la capital dominicana e incontables monitores televisivos apostados en colmados, la carrera fue vista por millones de criollos quienes hicieron suya esa anhelada proeza e incluso, lloraron de alegría y orgullo al prójimo como muestra natural de admiración y sentimiento humano.
Los dispositivos móviles en poder de ciudadanos de todas las esferas, estaban al unísono pendientes de la histórica transmisión que cristalizó el sueño dorado a nivel olímpico, de una humilde muchacha quien inició su entrenamiento descalza, con un enfoque escapista matizado por una familia convertida en monoparental.
La sociedad dominicana pocas veces se pone de acuerdo en múltiples accionares de nuestra folclórica cultura, excepto cuando un local está envuelto en un importante y trascendental evento deportivo.
Esa unión debe llamar a la reflexión tanto como país que somos, así como seres humanos. Extensiva la misma a las políticas estatales a nivel deportivo que en su haber, brinda un exiguo respaldo a potenciales talentos e irónicamente, a probados atletas que logran hazañas prácticamente con las manos vacías.
Marileidy Paulino expresó que el primer agradecimiento es a Dios, porque permite que todo sea posible, y más allá de la hilera interminable de obsequios ofrecidos más la cantidad de dinero que generó su triunfo, su naturaleza modesta apeló a decir que espera su ejemplo sirva de inspiración a la juventud porque su historia es ciertamente emotiva e inspiradora.
La sencillez de Paulino y su enfoque permanente, quedaron expuestos al ésta ratificarle a un periodista que también había que destacar a los restantes ganadores en otras disciplinas, quienes pusieron el nombre del país en el mapa global con sus exitosos desempeños.
La juventud actual quiere todo rápido, aquí y ahora, sin esfuerzo alguno y tampoco sin ánimos de legado porque el anhelo de obtención del éxito, lo resumen en adquisición materialistas las cuales exhibirán como trofeos en redes sociales a los fines de la obtención de reconocimiento.
La formación hogareña es la base fundamental respecto al resultado que en la lotería de la vida, tendremos de nuestros hijos.
Parir puede cualquiera e igualmente embarazar. Lo que determina es la crianza de sus descendientes, que luego será complementada en las aulas escolares.
Amén de que toda regla posee excepciones, tampoco es menos cierto que el hecho de no poder cambiar a los parientes (aceptándolos como son), no es sinónimo de aplaudir lo incorrecto.
Apoyemos las buenas causas y enseñemosles a nuestros hijos la importancia del sacrificio requerido, para obtener logros.
¿Qué mejor ejemplo de alguien que de la nada, logró tenerlo todo?

