Análisis de la propuesta de reforma constitucional del presidente Luis Abinader, orientada a cerrar las puertas a futuras manipulaciones en torno a la reelección presidencial y a fortalecer la estabilidad democrática en la República Dominicana.
Por Antonio Corcino
La reelección presidencial ha sido un fantasma que atormenta a la República Dominicana, impulsando modificaciones constitucionales que han servido a intereses particulares, en detrimento del bienestar colectivo. Desde Rafael L. Trujillo, Joaquín Balaguer, Hipólito Mejía y Danilo Medina, los cambios en la Carta Magna han buscado perpetuar el poder, dejando efectos adversos en la sociedad dominicana.
Consciente de esta realidad, el presidente Luis Abinader ha propuesto una reforma constitucional para cerrar las puertas a futuras manipulaciones en torno a la reelección.
Esta iniciativa, presentada al Senado, busca garantizar la estabilidad constitucional y asegurar que las reglas del juego político no sean alteradas por intereses coyunturales.
La propuesta ha desatado controversia, especialmente entre los partidos FP, PRD y PLD. Danilo Medina, líder del PLD, la ha calificado de innecesaria y riesgosa, acusando al Gobierno de desviar la atención de los problemas reales.
Sin embargo, este rechazo parece un intento de hacer olvidar la tensión vivida en 2019, cuando intentó modificar la Constitución para un tercer mandato consecutivo.
En ese sentido, las reformas constitucionales deben ser abordadas con responsabilidad y visión de futuro.
Cualquier cambio en nuestra Ley Suprema debe fortalecer la democracia y mejorar la vida de los ciudadanos, no servir como herramienta de maniobra política. La historia ha demostrado que modificaciones impulsadas por intereses a corto plazo pueden desestabilizar la nación y socavar la confianza en las instituciones.
La propuesta de Abinader presentada al Senado para su ventilación también incluye la independencia del Ministerio Público, la unificación de las elecciones y la adecuación del número de representantes en la Cámara de Diputados, aspectos clave para mejorar la eficiencia del sistema político y asegurar un proceso electoral justo y transparente, esenciales para la consolidación democrática.
Si bien la reforma podría parecer innecesaria y arriesgada, especialmente si no aborda problemas urgentes, por el contrario, cuenta con la confianza y el respaldo del Poder Ejecutivo. De igual manera, diversos sectores ajenos a la actividad partidaria han manifestado su apoyo, subrayando la necesidad de llevarla a cabo.
Es fundamental reflexionar sobre el rumbo que tomará el país con esta reforma. Aunque gozamos de una estabilidad política, económica y social envidiable, el riesgo siempre está presente. Sembrar incertidumbre o dividir a la sociedad no es saludable para la nación.
Aprovechar esta oportunidad, respaldada por el soberano, para fortalecer las bases democráticas es una inversión en el futuro. El verdadero desafío es certificar que la reforma beneficie al pueblo y no a intereses individuales o partidistas, como ha sido garantizado por el presidente de la República.
Dicho así, la reforma constitucional propuesta por Abinader representa un momento crucial para la República Dominicana. Es una oportunidad para corregir el rumbo y asegurar que la democracia no sea vulnerada por ambiciones personales.
El éxito de esta reforma dependerá de su capacidad para responder a las necesidades reales del país, garantizando la estabilidad y el bienestar de todos los dominicanos.
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