COLABORACIÓN
Por Fernando Betancourt
El sonido de las espadas choca una contra otra, parece música a los oídos de una multitud enardecida por el disfrute del espectáculo. Leones que quiebran los huesos de gladiadores que luchan por su libertad o un mejor trato.
Una sociedad romana envilecida por los excesos y arrogancia de hombres que se autodenominaban dioses, refieren una frase que sin saberlo perduraría en el tiempo «al pueblo pan y circo».
Hoy el gran coliseo son las mentes sedientas de una nueva experiencia que no escatiman ningún esfuerzo por alcanzarlo. La misma estrategia es utilizada una y otra vez, de manera que la gente se pierde en las distracciones del diario vivir y sobre todo en unas redes sociales sin ningún tipo de limitaciones, ni vigilancia.
Hemos confundido la libertad con el libertinaje, pero lo peor, es que aquellos que hoy ocupan las grandes tribunas continúan brindando pan y circo al pueblo ya que les ha dado resultado mantenerlos durante la inauguración perpetua de los días de su enajenado coliseo.
Esta distracción le ha hecho olvidar a nuestra gente que muchos países prósperos de Latinoamérica cayeron en la miseria, víctima de gobernantes inescrupulosos que solo les importaba su propio bienestar.
La República Dominicana podría correr el mismo riesgo si no atendemos a la verdad de los tiempos que vivimos y dejamos en la arena del Coliseo de los deseos a los espectadores que no les importa su patria.
Es responsabilidad de cada ciudadano, guardar el activo más grande que posee y recordar que las fiestas pasan, los grandes banquetes terminan pero las generaciones continúan y las necesidades también.
Venezuela, Colombia, Nicaragua y otras más gozaron de bellos momentos, hoy pasan por lúgubres situaciones donde existe muy poca o ninguna seguridad de un futuro promisorio, no nos descuidemos ya que no somos infalibles, podríamos correr la misma suerte.
Enseñemos a nuestros hijos el valor de nuestra patria, de la vida y sobre todo del respeto el uno por el otro. De la pandemia debemos aprender que la vida cambia en un abrir y cerrar de ojos.
Rechacemos el pan y el circo y vivamos la realidad de enfrentarnos cada día a un país que debemos sostenerlo sobre los hombros de hombres y mujeres que apuestan a sociedad más justa y equitativa.

