COLABORACIÓN
Por Fernando Betancourt
El micrófono fue abierto, los presentes, expectantes de lo que cada participante expondrá. Otra vez el pueblo se levantaba a expresar su parecer frente a las inconsecuencias infructuosas de funcionarios que son movidos por el titiritero que agita los hilos a su antojo.
Una voz que clama en el desierto, en el desierto de lo correcto, de la libertad, de una nación donde su riqueza sea usada a favor del pueblo y no para unos pocos.
Esa voz está buscando lugar en el corazón de alguien que le duela las injusticias. Una persona que sin importar el partido al que pertenezca sea objetivo al momento de las tomas de decisiones.
Una vez más el pueblo se pone a unas y es escuchado, ¿pero qué sigue en lo adelante?, vendrán los ofrecimientos por parte de los diferentes líderes políticos hacia cada uno de los que expresó su punto de vista ante el congreso. Es tiempo de estar vigilantes porque muchos no quedaron convencidos del respeto dispensado al pueblo.
Estos sin importar lo que le pase a la ciudadanía responden a organismos que no les importa el derrotero de nuestro país. Buscan cualquier espacio para volver a presentarse. Usarán si es posible hasta la venta de su alma con tal de salirse con la suya.
Al pueblo dominicano le ha costado llegar hasta aquí y hay que seguir luchando para que nada ni nadie les robe el deseo de vivir, el deseo de ver las futuras generaciones crecer en un ambiente y lugar propicio. Ya decía en uno de los escritos que cuando al pueblo se le entretiene con pan y circo, nadie está pendiente de los problemas que le aquejan.
Se ha demostrado que hay muchas personas pendientes de los pasos que los políticos dan, que no es cierto que todo está perdido, que aún podemos luchar y encausar el país hacia puerto seguro. Debemos continuar demostrando que unidos será imposible que nos venzan.
Es necesario que los jóvenes que están en los barrios, los que están en las universidades y los que están en sus lugares seguros entiendan que si no hay un presente seguro, libre de prejuicios y de aptitudes degradantes, no abra un futuro de esperanza.
No importa si eres artista o no lo eres, si la música que haces es popular o clásica, cuando el titiritero mueve los hilos, todos somos afectados.
Es necesario que estemos más pendientes de quien mueve las marionetas para que sepamos donde poner fin. El pueblo no es juguete de nadie, depende de cada individuo permitirle al titiritero que le use a su antojo.
Los que han destruido las fortalezas de países como Venezuela, Cuba, Nicaragua y otros más intentan hacer lo mismo con el nuestro y no escatimaran esfuerzos hasta lograrlo.
Lo peor de todo esto es que los principales enemigos están bajo cubiertas, trajes y hermosos lugares los cuales no aparentan que hacen ningún daño.
A ellos no les importa ni el presente, ni el futuro de nuestros niños, de nuestros jóvenes y cada día se inventan nuevas estrategias a los fines de descontruir los valores que han forjado nuestra sociedad dominicana.
Creemos en Dios, respetamos a la madre de nuestro Señor Jesus. Todavía en navidad los vecinos se pasan los platos con la cena de noche buena, aun nuestros jóvenes a pesar de la tecnología se reúnen a hacer cuentos en las esquinas, y esto le molesta a grupos inescrupulosos que bajo la insignia de ONG, creen que son plenipotenciarios y que el pueblo está en deudas con ellos.
Nuestras raíces son fuertes, firmes y alimentan de patriotismo a una generación que creció luchando, una generación que ha preferido mantenerse en trabajos humildes antes que permitirle al titiritero que mueva sus hilos para poder accionar.
Hoy por hoy debemos estar vigilantes ante la amenaza de aquellos que después de ser elegidos por el pueblo se les olvida que deben legislar a favor del pueblo. Todos repetimos a coro que la República Dominicana es un país rico, pobremente administrado.
Desde la época del supuesto descubrimiento se están llevando nuestro oro y aun así no se acaba. Es tiempo de que los gobiernos pongan en manos del pueblo las herramientas de verdadero crecimiento y que los dominicanos puedan tener una vida más digna.
Cada día aun el campesino sale al campo con su machete, los pescadores van al mar y a cada uno solo le preocupa llevar el pan de cada día a la mesa de su familia. El estado está para velar por el bienestar de aquellos que están dispuesto a levantarse y dar lo mejor de ellos, y aun por aquellos que producto de las circunstancias no han podido escalar.
Cada quien dará cuenta al pueblo, dará cuenta a sus generaciones venideras, el crimen no tiene familia y cuando toca la puerta no le importa a que nivel o clase social perteneces.
Todos igualmente somos vulnerables, no importa si andas con una escolta poderosa. Para escoltas poderosas, bandidos poderosos. Por tal razón debemos apostar a la seguridad verdadera por hombres y mujeres de verdad que les importe el bien del ciudadano.
El titiritero no está feliz, no pudo mover sus hilos a su antojo, pero aún no está vencido, usará las armas que necesite para tratar de doblegar la voluntad popular. Depende del pueblo si se lo permite.
Mantengámonos vigilantes que la lucha apenas inicia.

