Por Johan Alfonso Atiles
Ya no se debate sobre ideologías, programas o visiones de Estado, sino sobre cuánto cuesta una candidatura, una caravana, un espacio en los medios o una estructura electoral.
Los partidos, aunque reciben fondos del Estado, dependen en gran parte de financistas privados que “invierten” en todos los colores, asegurando así beneficios y gane quien gane.
Ese contexto, la política se convierte más en un negocio que en un proyecto social.
La consecuencia más peligrosa de esta lógica es que, para participar con alguna posibilidad de éxito, no basta con tener vocación de servicio ni liderazgo social: hay que tener recursos. Sin dinero no hay sonido, no hay votos, ni movimiento, y mucho menos visibilidad y es la base para hoy ser popular que el mundo te quiera y se entienda que lo mereces todo , hasta llegar a ser un semidios.
Así, se margina al dirigente político genuino y se impone candidato con chequera, quien debe presidir y dominar todo aunque carezca de visión o capacidad.
Es una política de cheques con imposición y no de ideas.
La Junta Central Electoral podrá reglamentar, pero mientras la sociedad y los partidos no cambien su cultura, el que no tiene, no llega.
Como diría el dominicano: esto es como un juego de dominó donde el que no tiene ficha buena se queda «pasao» en cada mano.
En esta mesa política, solo entran los que traen su propio juego… y su propio maletín.
Si Jesucristo regresa , no bastará con milagros tendrá que traer mucho dinero, porque los cristianos y pastores actuales ya no le seguirán , porque «los buenos de este tiempo» son aquellos con demasiado dinero a los que la gente sigue adoran «los nuevos populares».
Hoy los manipuladores de la pobreza humana, bajo las necesidades de la gente son los ayudadores sociales que solo buscan ganarse el título de «generosos» haciendo entender que son ellos lo que La Romana o el País necesita.
No es que tener dinero sea algo malo , ningun rico se cambiaría su vida para ser pobre y todo pobre sueña posiblemente tener dinero.
El nuevo complejo de Guacanagarix no el color de piel , es tener recursos ilimitados y que las personas te vean como algo superior o una especie de semidios.
Todos necesitamos dinero y se trabaja para conseguirlo , pero quién usa el dinero como fin para lograr extender su poder sobre todo el político, no es fiel servidor del pueblo.
Algo que no puede explicar es la sed de ganar y controlar todo. La política se ha vuelto un negocio, donde los ricos invierten en candidatos como si fueran acciones, para ganar beneficios sin importar el partido.
Incluso la imagen del “buen samaritano” se ha distorsionado: ahora muchos ayudan solo para ganar fama y controlar a los demás.
La moraleja es que el dinero no debería ser el único camino al poder. Porque cuando el dinero domina todo, la política deja de ser servicio y se convierte en ambición disfrazada de generosidad.

