COLABORACIÓN
Por Bolívar Balcácer
En un mundo donde las convenciones y las estructuras establecidas a menudo prevalecen, Jesús de Nazaret emergió como un revolucionario que desafió las normas y cuestionó el sistema. Su mensaje trascendió las barreras de su tiempo y sigue resonando en la conciencia colectiva de la humanidad.
Cuando Jesús vino, no se conformó con las tradiciones religiosas ni se sometió al sistema de la época. En lugar de ello, expuso la hipocresía y la corrupción que anidaban en las altas esferas de la iglesia y la política. Sus enseñanzas desafiaron las leyes mosaicas y proclamaron un reino interior de fe y verdad.
Es el mismo postulado que nosotros llevamos al exponer ante la sociedad a la lacra sociales que hoy se venden de líderes y hasta niegan la patria y la dejan morir porque le falta valor para defenderla, y como judasse vendieron por unas cuantas monedas.
“La iglesia es una guarida de ladrones”, declaró Jesús, señalando a los líderes religiosos de su tiempo como víboras hipócritas.
No temió enfrentarse a los fariseos y escribas, denunciando su ceguera espiritual y su falta de compasión hacia los más vulnerables.
La élite que lo crucificó no pudo extinguir su legado, como tampoco sucederá ahora aunque pongan trampas, estos mal nacidos.
Trescientos años después, Jesús fue elevado a la categoría de divinidad y cabeza de una iglesia. Sin embargo, su mensaje original fue tergiversado por intereses políticos y religiosos, convirtiéndolo en un símbolo de dominio y manipulación.
Hoy, en un mundo convulso y en constante cambio, sus palabras resuenan con más fuerza que nunca: “Buscad la verdad y la verdad os hará libres, más no siervos”. Es un llamado a la autenticidad, a cuestionar el sistema y a despertar del letargo de la conformidad.
En este momento crucial de la historia, muchos están despertando. La búsqueda de la verdad continúa, y el legado de Jesús sigue inspirando a aquellos dispuestos a desafiar las normas y luchar por la libertad interior.
Hasta nuestro próximo comentario.

